Política

Vuelta a la patria

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Die Trauer des Telemach (1783), por Angelica Kauffman

El regreso a la patria siempre será un tema que desborda los sentimientos. Mientras no se imponga el gobierno mundial desde Silicon Valley o desde Mendoza en Argentina, donde piensan refugiarse los creadores de los algoritmos que nos gobernaran algún día, el sentimiento de la patria, el amor a la camiseta de nuestros equipos, la nostalgia de la arepa, del mate, de la tortilla de patatas, del vino del terruño, serán manifestaciones que unirán a los seres humanos y desbordando siempre las emociones.

Siempre habrá un Pérez Bonalde cantando y esa sensación, la de un Ulises viviendo las aventuras y corriendo los peligros que sean necesarios para regresar a Ítaca, a Penelope y a Telémaco que le esperan.

Esos son los regresos épicos y los que registran la historia y los poemas. Los hay también anónimos, pequeños e intrascendentes, como el de quien escribe esta nota, debajo de la mata de mango del patio de la casa, al que añoraba, desde hacia meses. Todos son distintos, pero todos son importantes.

Y hablando de importantes, hay uno que lo es particularmente: el de María Corina Machado. ¿Por qué? Pues, porque nuestro país atraviesa un momento particularmente delicado de su historia y ella es la líder natural (objetivamente demostrado) del pueblo venezolano, del ciudadano de a pie y no tendría, entonces, sentido que el destino de la nación se discutiera en su ausencia o, lo que es peor, se discutiera para aislarla del proceso de reconstrucción nacional.

Ese regreso, se ha convertido en un importante problema de la geopolítica regional. ¿Por qué? Pues, porque es publico y notorio (y comunicacional, como dicen ahora) que su presencia en Venezuela alteraría el status quo. Un status quo que podríamos resumir así: Un gobierno interino tutelado y un tutor que (por ahora) privilegia los negocios, por sobre la libertad, la democracia y el bienestar del país. Tutores y tutelados, se sienten cómodos como están y, obviamente, no tienen incentivos para que cambie una situación en las que les va bien. If it works, dont fix it.

Hemos escrito más arriba y entre paréntesis la expresión “por ahora” (de infausto recuerdo) porque este juego no está cerrado todavía. Aun no se define la posición definitiva de los Estados Unidos, ni la del gobierno interino y tampoco, la de la plural oposición venezolana.

En efecto, que hoy los principales actores se sientan cómodos, no quiere decir que eso es lo que le conviene al país. No hay que divagar mucho para sustentar esta afirmación. Es más que evidente que el nivel de vida de los venezolanos se ha deteriorado ostensiblemente desde el 3 de enero. Es un hecho contrastado que las grandes inversiones destinadas a reactivar el país, no van a llegar hasta que no se resuelva el tema de la reinstitucionalización del Estado. Es comprobable que el malestar social puede descarrilarse si no hay un liderazgo creíble en el país, que pueda encauzarlo.

Si fuera el sentido común y el de responsabilidad los que privaran en las elites que hoy nos gobiernan, para tomar las decisiones, todos deberían estar interesados en el retorno de Machado.

Su presencia, sería un importante elemento de canalización de los sentimientos populares. Con ella, la oposición tendría asegurada la unidad, como ocurrió en el proceso que culmino en el 28J; los Estados Unidos, tendrían un socio confiable para su participación en la economía nacional; y el gobierno interino, la garantía de que el camino, hacia unas elecciones libres, se haría en orden, en paz y con respeto a cualquier acuerdo alcanzado.

Por el contrario, mantenerla aislada del proceso de reconciliación nacional, solo haría arrojar suspicacias sobre el mismo; haría cundir la desesperanza y, lo que sería muy grave, alentaría la reaparición de la represión y la tentación autoritaria, esta vez, sustentada en la imagen equivoca de sentirse “guapos y apoyados”, por el imperio que combatieron.

La clase política estadounidense haría bien en convertir, de nuevo, la causa de la democracia en Venezuela en una gran causa bipartidista, orientada, no solamente al interés económico, sino a los valores que siempre la han inspirado y hecho la más importante democracia del mundo.

La representación de la AN2015 haría bien en hacerse vocero de esta aspiración de la sociedad nacional y en presionar para que los sectores más reacios a la convivencia dentro del gobierno interino, comprendan lo necesario de construir una transición en paz, única garantía de la reconciliación nacional. Convendría regresar al espíritu de Panamá y procesar las diferencias en orden y con la alta responsabilidad que pide hoy la nación entera.

Como la Venezuela de Pérez Bonalde y la Ítaca de Homero, nuestro país seguirá teniendo problemas y por esa misma razón necesitamos el liderazgo, la unidad y responsabilidad necesaria para afrontar los azarosos meses que tenemos por delante. Que cada quien haga su trabajo. María Corina, tiene el deber y el derecho de regresar, para hacer el suyo.

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