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Sliema (isla de Malta), martes 5 de agosto de 2025. Caravaggio

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Caravaggio en Malta

Doscientos años antes de Coleridge, otro “maldito” había llegado a encontrar refugio en la isla de Malta. En su caso, no era la utopía de una arcadia curadora. Huía de la justicia este visitante. En efecto, Michelangelo Merisi, conocido como Caravaggio, había dado muerte a un hombre en Roma, y las autoridades, siguiendo órdenes expresas del papa, lo querían en prisión. A mediados de 1603, acogiéndose a la protección del Maestre General de la Orden de San Juan, fue acogido en la isla. Ya era el pintor más distinguido de su tiempo. Dos pinturas realizó el Caravaggio durante su permanencia en Malta. El estupendo “San Jerónimo leyendo”, y el “Degollamiento de san Juan”, el cuadro de mayores dimensiones de cuantos ejecutó el maestro. Se trata de una tela de 5.20x3.61m, acomodada a las dimensiones de la pared de fondo del oratorio de la Co-Catedral de San Juan de la Valeta. Es el más moderno de todos los trabajos realizados por este precursor de la modernidad, y sin duda la más acabada de todas sus pinturas. Un milagro de minimalismo emocional, una crítica al tremendismo que él mismo inventó y que se difundió de manera indeseada. Una inquietante investigación del espacio vacío y sus posibilidades al reducir el grupo de figuras a un poco más de la superficie total. Un ejemplo de economía narrativa. Todo el terrible episodio sugerido por los pocos objetos de la composición. La espada ensangrentada y el cuchillo todavía inmaculado del verdugo. La indiferencia cómplice del carcelero, el horror de la anciana, en contraste con la frialdad de la joven con la vasija, y la curiosidad de los dos presos asomados a la ventana. Las dimensiones de la obra dan una impresión de cinemascope apenas se ingresa a la sala. Los protagonistas a la izquierda, en oposición a la sintaxis clásica, y a  la derecha un espacio de sombras donde sólo se ve una gran ventana con dos presos asomados al terrible episodio. A pesar del golpe de la espada, Juan todavía respira mientras el verdugo se apresta a terminar con el degollamiento.  Es la más fría de las muchas representaciones que se han hecho del sacrificio. Aunque la más espantosa, sin embargo. Un magnífico espectáculo que me recuerda la impresión que recibí de otro maestro pre-expresionista. Me refiero al Consejo de Filipinas, la pintura más grande de Goya, cuidadosamente guardado en el Musée Goya de Castres, con sus 4.47x3.77 m, una épica dedicada a exaltar la torva y malhadada personalidad de Fernando VII.  Caravaggio, el más inteligente pintor de su tiempo, no tenía dudas de que había logrado la que sería una de las grandes pinturas de la historia del arte occidental, y de manera excepcional, agregó su firma, utilizando como tinta la sangre del Evangelista.

No fue la Degollación la única pintura que dejó Caravaggio a su paso por la isla. De dimensiones mucho menos heroica es su San Jerónimo, en la misma Co-Catedral de San Juan de la Valeta. Se trata de una pintura de impecable ejcución, conservada de manera implacable. Debe leerse como uno de los mejores y definitivos manifiestos de anti-clasicismo renacimental que nos dejó Caravaggio. Aparece el gran Jerónimo en una forzada posición para dedicarse a la escritura. La solucion de los “clásicos”, como Carpaccio, en su retrato del santo, es ponerlo en posición frontal, como todo el que quiera leer o escribir con comodida. El de Caravaggio es un retrato teatral, en movimiento, una descripción operática de la rutina del gran sabio. Suficiente para incluirla entre las mejores pinturas del maestro lombardo.

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