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Milan, jueves 9 de octubre de 2025. Krasznahorkai

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Krasznahorkai

No siempre acertada la Academia Sueca (se lo negaron reiteradamente a James Joyce y Jorge Luis Borges, entre otros), este año ha escogido con sensatez. El húngaro Lazlo Krasznahorkai es una selección afortunada. Autor de una docena de novelas y libros de relatos su obra parece una despedida de la mejor literatura del siglo XX y una muestra de las posibilidades de la novela en el XXI. Una escritura elaborada, elocuente no ajena a la mezcla de géneros, a la llamada intraficción, algo tan vago como la extraficción, la autoficción, la ex-ficción y pre y post-ficción; la ficción ficcional y la anti-ficcional; a la ficción histórica y a la ficción pre-histórica, la ficción no-ficción y una lista larga de modos de escribir novelas y cuentos. Las del húngaro, las tres que me he leído, a veces insisten en una oscuridad finisecular, pero siempre trabajadas; a veces deslumbrantes, y a veces excesivamente intelectuales. En octubre de 2015, hace ahora justo diez años, publiqué una reseña de dos de sus obras, recogida más tarde en mi selección de ensayos y reseñas, Al filo de la página (Kalathos. Madrid 2024). Estas son algunas de las líneas que dediqué a Guerra y guerra, una de sus novelas más celebradas (Premio Booker 2015):

El protagonista, Karin, de Guerra y guerra, es un personaje improbable; absurdo, como la realidad que lo rodea. En la primera página del libro es asaltado en la oscuridad de un puente ferroviario. Un lance del que se escapa trabajosamente, a pesar de que el suicidio era en ese momento su único proyecto existencial. Un designio que será interrumpido por el hallazgo, en la pequeña biblioteca donde trabaja, de un manuscrito anónimo que está decidido a salvar para la posteridad. La mejor manera, piensa, es transcribirlo a una computadora. Para lo cual, con sus flacos ahorros, se traslada a Nueva York. La novela, en buena parte, son sus peripecias en la ciudad del Hudson. La otra son los pasajes que alcanzamos a leer del maravilloso manuscrito, protagonizado por cuatro extraños náufragos que desaparecen de Creta para reaparecer, sin razones claras, en Colonia o Venecia.

La reconocida filiación borgiana de Krasznahorakai y su afinidad con la poesía, son los ingredientes de una hermosa ficción, lectura obligatoria para los amantes de las flores y la jardinería, con el dilatado título: Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río (Ed. Acantilado). Y aunque reconoce, y se reconocen, sus deudas con Kafka, son pocos los que advierten las aún mayores que tiene con Gogol. En el caso de Guerra y guerra, lo mejor que he leído del autor, el humor patético y la fantasía de Almas muertas, han sido lúcidamente aprovechadas por el Nobel húngaro.

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