
Nada más ajeno a la dinámica interna del post-chavismo venezolano que andar pensando en la última película de Christopher Nolan. No es el caso nuestro y tratando más bien de mantener a raya la preocupación que me genera el país, decidí ejercitar mi impreciso alemán leyendo a Gustav Schwab, un pastor protestante del siglo XIX, que dedicó buena parte de su vida a difundir la riqueza de la mitología griega. Leía Die schönsten Sagen des klassischen Altertums (Las más bellas leyendas de la Antigüedad clásica) en una bonita edición de la editorial Reclam, cuando tropecé con el discurso de Telémaco, poco antes de la llegada de su padre, dirigido a los pretendientes:
Erkennet doch selbst, ihr Freier, euer Unrecht, habt auch Scheu vor anderen, vor der Nachbarschaft, bebet endlich vor der Rache der Götter!
Una frase que, traducida al buen español, sería algo así como: “«Reconozcan de una vez, ustedes pretendientes, la injusticia de su conducta; sientan vergüenza ante los demás, y sus vecinos; y, por último, tiemblen ante la venganza de los dioses.»” Después me puse a revisar la iconografía sobre la Odisea y encontré la pintura Ulysse et les prétendants del pintor neoclásico francés Jean Alaux. ¿Cómo no iba a pensar en Venezuela y en el posible y no deseado desenlace? Subrayo la frase para no ofrecerle equívocos al aparato de Inteligencia Militar, cuando sus críticos literarios busquen subtextos en un inocente artículo sobre mitología clásica.
Son muchas las perspectivas desde las cuales se puede analizar la Odisea. Quizás nuestro interés pueda estar en la dimensión erótica a fin de entender cómo Homero veía la relación conyugal, la infidelidad o felicidad en parejas establecidas y el estatus de la familia en la Grecia antigua (y entre nosotros, por supuesto, por eso es que seguimos leyendo el libro, buscando pistas, claves a nuestra condición). Podríamos concentrarnos más bien en el tema de la identidad personal, la autenticidad de Ulises y hacernos preguntas como la de saber si somos realmente quiénes decimos que somos o si prevalecen máscaras indescifrables e intereses ocultos. Pudiéramos incluso buscar orientaciones a la hora de toparnos con gente de culturas diferentes, pero también, y a esto me llevó Gustav Schwab, a darnos cuenta que la llegada del héroe a Itaca no es la consumación de una relación amorosa, sino el posible desencadenamiento de una guerra civil, después que Ulises se ha vengado de los pretendientes a su Reino, país o República diríamos nosotros. ¿Cuál es la posición de Odiseo realmente? Pudo haber regresado y correr la misma suerte que Agamenón, dándose cuenta antes de morir que su mujer había decidido casarse con otro, cansada de esperarlo por estar demasiado tiempo lejos de casa, ocupado en buscar riquezas y fama.
Emily Wilson, profesora de filología clásica en Oxford y traductora de la versión de la Odisea que utilizó Nolan, comentó en un artículo reciente publicado en el London Review of Books, que la película sufre por los estereotipos utilizados. Agamenón, por ejemplo, es un hombre despreciable que sacrifica a su propia hija como víctima propiciatoria a los dioses para que lo ayuden a destruir los troyanos. Y el propio Ulises resulta un depredador con síndromes de estrés post-traumático, paciente de una asexual Calypso que hace las veces de terapista, gente que necesita terapia diría Sergio Dahbar, como casi todos los venezolanos que sufren del PTSD por el solo hecho de vivir en su país, a la espera de un Odiseo que lleva traje de mujer. El lenguaje de los griegos, además, no brilla por su agudeza política, es un inglés convencional, trivial, casi de centro comerciales. Pero la película sigue siendo ocasión para celebrar, pues muchos comenzarán a estudiar los clásicos y la lengua griega, nosotros incluidos, espero.
Otro gran traductor de Homero es Daniel Mendelsohn, editor de The New York Review of Books (el mejor Papel Literario del planeta), traductor también de Cavafy y autor de un hermosísimo libro sobre un viaje que hizo con su padre al Mediterráneo, siguiendo los pasos de Ulyses: An Odyssey: A Father, a Son, and an Epic (2017). Mendelsohn coincide con Wilson al afirmar que el Odiseo es más bien un hombre deprimido, cansado de matar gente y con un enorme sentimiento de culpa por el daño que ha hecho. El suyo es un caso de extrema debilidad, de alguien que duda de sí mismo y contamina a los demás con su impotencia. Argos cumple su rol: es un perro viejo y fiel, tirado en el estiércol y picado de moscas, casi el alter ego de Ulises, cansado de tanto esperar y con ganas de morirse. Penélope está mucho mejor, siempre vestida de gala, como lo ha estado desde que su marido se fue a la guerra, esperándolo cada noche con sus mejores trajes. Ausente del film, sin embargo, está el diálogo permanente con los dioses, ese contacto diario que los inmortales del Olimpo mantenían con los integrantes de la familia real, susurrándoles al oído lo que tenían que hacer, como si fueran ángeles o demonios de guarda.
Helena, por su parte, se queja de haber sido utilizada como excusa para el exterminio de los troyanos, pero no tiene culpa, sólo mucha rabia. París seguramente era un hombre más refinado que ese Menelao primitivo y tosco que tiene como esposo, sin más recursos que una inmensa necesidad de derramar sangre ajena. Todo nos encamina a la escena final, al asesinato de los pretendientes y la manera cómo se salva Itaca de una guerra civil, gracias a la intervención de los dioses que ya están hartos, a diferencias de los humanos, de tanto degollamiento.
El relato de Christopher Nolan, en definitiva, es el texto primordial de todas sus películas: la historia de un hombre atormentado por la culpa y que busca redención, Batman u Oppenheimer. No es estrictamente el personaje de Homero, pero tampoco tenía por qué serlo, su película es una versión, una lectura, una Odisea, entre las muchas que podríamos leer. Pero nos queda el mal sabor en la boca: ¿cómo se negocia esa tregua entre los dolientes de los pretendientes asesinados y aquel Ulises cubierto de sangre que nos pintan las películas? ¿Cuál es la solución política? ¿A quién debemos recurrir?
¿Será posible que ocurra lo que planteó el psiquiatra Herrera Luque en La casa del pez que escupe el agua? Un matrimonio de conveniencia, política pura, a fin de consolidar la paz. Antínoo le dijo entonces a Telémaco algo así como: Nicht eher weichen wir von deinem Herd und begeben uns an den unserigen, als bis sie einen von uns heiratet! No nos retiraremos de tu hogar (y seguiremos consumiendo y gastando tu herencia) hasta que ella, Penélope, no se case con alguno de nosotros. El mismo encuentro entre los andinos del General Juan Vicente Gómez y las viejas oligarquías caraqueñas y valencianas. ¿Será esa, con sus variantes y diferencias, la negociación política que plantea el amigo americano?

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