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Milan, sábado 25 de octubre de 2025. Il primo omicidio

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Il primo omicidio

La pasada noche, especialmente fría para la estación, una inquietante y extraña (para mí) pieza en  Radio Classica Milano. De lo único que estaba seguro era de que nunca la había escuchado. Un conjunto de voces cantando arias de conmovedora belleza. Las canciones se sucedían sin parar, a cargo de lo que parecía una contralto (seguramente un castrato en el original), un tenor, un barítono y tal vez un bajo. El tono de la música pasaba de lo claro a lo oscuro, de la celebración a un lamento con no poco de trágico. “Alguien me puede decir de que se trata?” Obvio era que se trataba de música barroca. No Bach, a pesar de ciertos pasajes de religiosa cadencia, ni Händel. Algo anterior, pero ¿qué? Una belleza transparente y sostenida. Un temblor. Un despliegue de sonidos como hubiese sido escrito en el siglo de oro de Atenas si los griegos hubiesen conocido esta manera de escribir música. Mientras, las voces cambiaban sin alterar aquella armonía iluminada. Por fin, la intervención de la locutora “Avete ascoltato la prima parte di Il primo omicidio. Oratorio a 6 voci di Alessandro Scarlatti”. Scarlatti, claro, el propio “Orfeo de su tiempo”. El compositor infalible de miles de páginas de música, entre ellas sus pre-románticas Sonatas.

Se trata de un Oratorio, uno de los géneros más celebrados en aquellos tiempos iniciales del Barroco italiano. Scarlatti nació en 1660, Vivaldi en 1678 y, por fin, Bach en 1685. El tema, detrás del dramático título, El primer homicidio, es la trágica historia de Caín, provocado por Jehová para que diera muerte a su hermano y llenar de culpas (sin la culpa no hay Biblia) al género humano. El autor del libreto no se conoce y el oratorio fue estrenado por Scarlatti, en su nativa Venecia, en 1707, de acuerdo a la comentarista de Radio Classica Milano. La música barroca italiana es una caja de sorpresas que dista de haber sido explorada en su integridad. Esta partitura fue desempolvada apenas a finales del siglo XX por miembros de una brillante generación de músicos como Fabio Biondi y Rene Jacobs, éste autor de una las versiones más difundidas. Il primo omicidio es un regalo de los dioses. No todo está perdido si el hombre cínico promotor de genocidios es el mismo hombre capaz de producir tanta belleza. Il primo omicidio, como hemos visto en Gaza, no fue el último. Nada mejor para desplazar el arquetipo del homo necans que la celebración de la vida, como hace Scarlatti al final de su oratorio. Un don con el que fui privilegiado por la oportuna intervención del comentarista de Radio Classica Milano.

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