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Aventuras con la lengua japonesa

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Eines der unerwartetsten Ereignisse, realmente fue así, uno de esos sucesos inesperados, para los cuales nadie está preparado, al menos desde el punto de vista intelectual, capaz de precipitarnos por una avalancha emocional vertiginosa, que continuó por muchos años. Un invierno en New England, con temperaturas inferiores a los -10 grados. Afuera, los ríos permanecerían congelados por varios meses más, las aguas turbulentas atrapadas al aire, rebotando de los puentes y la orilla, inmovilizadas en forma de hielo, su movimiento inexistente, indicando lo que pudo haber ocurrido de bajar la temperatura. Entramos al pequeño teatro que acogía el Cine Club de la Universidad y comenzó 七人の侍 Shichinin no samurai, una película de 1954, dirigida por Akira Kurosawa e interpretada de forma magistral con el compañero inseparable del director a lo largo de su filmografía: Toshiro Mifune, así como Seiji Miyaguchi, como el frío e implacable ronin, que parece no conocer el miedo.

Nunca había visto recreadas escenas de tal paz, y para colmo, justo antes de una batalla. El más joven de los samurai contratado, caracterizado por Isao Kimura, observa acostado en la hierba al viento mover los árboles. Tres horas más tarde ya quería aprender japonés y practicar artes marciales japonesas. Llegué a 2do Dan en Judo y el idioma lo sigo estudiando. Hace poco terminé con mi profesora, la artista Kodani Takako, el poemario de Ishikawa Takuboku (石川 啄木): Tristes juguetes (悲しき玩具) , en la esmerada edición de Ito Masateru. Takuboku fue un gran poeta, nació a finales del siglo XIX, autor de tankas hermosos, de enorme profundidad, compuestos mientras yacía enfermo de tuberculosis, poco antes de morir a los 26 años, dueño de una habilidad para decir cosas sencillas y cotidianas, pero suficiente para descubrir la belleza donde jamás hubiéramos sospechado encontrarla.

El japonés casi me cuesta la vida, un día que fui a presentar el JLPT, examen organizado por la Japan Foundation. Después de varios intentos pude finalmente inscribirme en Granada, una de las más hermosas ciudades del planeta; una semana después de presentarlo tuve que ir al cardiólogo por la reacción en cadena de extrasístoles ventriculares que estuvo a punto de provocarme el desmayo durante el examen o incluso de morir inesperadamente a causa de una prueba de idiomas. Todo por Kurasawa. Le hice caso a Steve Kaufmann de LingQ y a Luca Lampariello: ya me dejé de exámenes que no necesito aprobar y comencé a leer seriamente a 石川 啄木 y a todo lo que pudiera encontrar sobre su vida y obra. El stress innecesario atenta no sólo contra la salud, sino que baja considerablemente la inteligencia y la alegría, curiosidad y pasión necesarias para aprender a leer, escuchar y hablar otra lengua, especialmente la japonesa.

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