
Dante no leyó la Odisea. No sabía griego y aunque lo hubiese conocido de nada serviría. El primer ejemplar del poema homérico llegaría a la Europa occidental después de su muerte. Su distinguido propietario fue el gran Petrarca, quien tampoco sabía griego. A decir verdad, ya en tiempos de Marco Aurelio, y con la excepción del emperador y un reducido grupo de cortesanos, el estudio de la lengua de Platón estaba poco menos que abandonado. El conocimiento de Odisea e Ilíada se había limitado al que se difundía mediante traducciones, imitaciones, paráfrasis y adaptaciones del epos original. Así fue como se conoció en la Edad Media, y de esta manera conoció los poemas el autor de la Divina Comedia. A falta del original, el conocimiento de la Ilíada se había transmitido a través de dos elaboraciones fantásticas. La de Dictis de Creta y la de Dares de Frigia. Ambas versiones espurias del original. Lo de Dictis, un texto en prosa de menos de diez páginas se trataría del diario de batalla de un soldado que participó en la propia Guerra de Troya bajo las órdenes de Diomedes. Es decir, se trataría de un recuento de lo sucedido escrito antes de que lo de Homero fuera llevado a la escritura. En realidad, data del IV d.C., escrito originalmente en latín y una de las fuentes de todos los tratamientos medioevales sobre la guerra de Troya. Incluso el mismo Petrarca debía a esta impostura su conocimiento de lo acaecido en Troya. Por su parte, Dares de Frigia, el imaginario autor de la más dilatada Historia de la caída de Troya, habría sido un sacerdote de Efeso mencionado en Ilíada. En realidad, se trata de un recuento en prosa escrito en la etapa tardía del Imperio. Ambos apócrifos sería difundidos por la Europa post-imperial gracias a las versiones de Benoît de Sainte Maure, el Roman de Troie, escrito hacia 1160. Se trata de un extenso poema, no siempre digerible, de 30316 versos octosílabos pareados, una versión hipertrofiada de las versiones atribuidas a Dictis y Dares. Cien años después Guido delle Colonne, en latín, publicará su versión, menos dilatada, de las historias de Dictis y Dares: Historia destructionis troiae, escrita en su nativa Messina. Este fue el texto que se difundió, en la traducción de William Caxton por toda la Europa anglosajona y el utilizado por Shakespeare. Dictis reitera la versión de la muerte de Ulises que estimulara la ambigua línea del Libro XI de Odisea, que refiere la muerte de Ulises, como un evento llegado del mar. Y del mar, efectivamente, llegó Antígono, su hijo con Circe, quien, al no reconocerlo, terminaría dándole muerte con una lanza provista de una punta elaborada con la espina de una manta raya.
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