
Hace un par de semanas escribí unos comentarios sobre la estupenda poeta iraní Forough Farrokhzad (1934-1967). Lo hacía para acompañar las versiones que realicé del inglés de algunos de sus poemas. Vuelvo a ella ahora que, gracias a los Servicios Comunales de la Biblioteca de Milán, tengo a mi lado la edición italiana de sus poesías completas en la cuidada versión de Domenico Ingenito. La Farrokhzad murió estúpidamente joven en un raro accidente vial. En su reveladora introducción Ingenito incluye un fragmento de una carta de la poeta al padre que la revela en toda su intensa personalidad:
La poesía es mi dios. Amo tanto la poesía que noche y día no pienso en otra cosa que no sean nuevos poemas. Una poesía tan bella que nadie ha escrito nada parecido. La felicidad para mí no es tener un buen marido, bellos vestidos, una vida agradable y exquisitas comidas. Me siento feliz sólo cuando mi espíritu está satisfecho, cuando la poesía satisface mi ánimo. Si me ofrecieran todas estas cosas que la gente persigue con tanto empeño las rechazaría, en cambio si me despojaran de la fuerza para escribir poesía me quitaría la vida (6/5/1956).
Cuatro libros alcanzó a publicar Forough, con los títulos más sugestivos: Prisionera (1955), El muro (1956 ), Rebelión (1958 ) y Nuevo nacimiento (1964 ). Después de su muerte se publicó su quinta y última colección, con el título de uno de los textos Al inicio de la estación fría (1974), un largo poema de más de diez páginas escrito en 1965. Este es una de las primeras poesías de Prisionera, publicado en medio de la etapa de acrítica modernización de Irán promovida por el Sha bajo la presión de las democracias occidentales interesadas, EUA e Inglaterra en especial. Su modernidad, no obstante, sería una rareza incluso en los Estados Unidos de Eisenhower o en la Europa de post-guerra. Ni Woolf, ni Beauvoir fueron tan transparentes en la expresión de una sensibilidad femenina reducida y acosada. Está dedicado a su esposo, como el resto del libro, después de su divorcio:
Insomne, espero el sueño
que me atormenta y no vuelve a los ojos.
Afligida, me digo que tal vez sea
sólo por capricho que no regresa.
El sueño se asemeja a una sombra que no cae
en los lazos luminoso de mis ojos,
es lo desconocido que parece cantar
en el perturbado latido de mi pulso.
Ahogo en esta inocente juventud,
los instantes del olvido,
el saludo que acaricia
en los besos, en la mirada, en los abrazos.
Sola, lo deseo en esta noche
con mis ojos perdidos en el encuentro
con el dolor silencioso de la belleza
colmando mi plenitud..
Lo deseo, deseo que me apriete
encima de él, y yo extasiada sobre él,
que abarque mi ser todo con su abrazo
calentado por su esfuerzo.
Quiero que la brisa de su respiración
sople tibiamente en mi cuello, en mis cabellos
y me beba, para que lleve a su mar
mi río de amargura.
Quiero que me tome, sediento,
salvaje, tembloroso e intenso,
rebelde llama que me alcance
y no deje sino cenizas en mi lecho…
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