

Giuseppe De Santis es conocido por una sola cosa, pero debería ser conocido por varias otras. Nunca fue un grande, es cierto. Es el autor de Riso amaro (Arroz amargo, 1949), un clásico del neo-realismo italiano. De la misma manera que Terra trema es indisociable de la Sicilia de la costa catanese, con sus pescadores empobrecidos que no saben expresarse en otra lengua que el dialecto siciliano, Riso amaro es un canto a los arrozales de Lombardía, con sus cosechadoras que permanecen apartadas durante cuarenta días, lejos de la casa, para terminar la siembra del arroz. Las famosas “mondine”, que en la película realizan la utopía de unirse, sin mayores ideologías, en una lucha reivindicativa. Como todas la películas neo-realistas, una parte de la historia moderna de Italia expresa mejor con sus imágenes el complejo mundo de la post-guerra que todos los estudios teóricos sobre el tema. El film contó con el protagonismo impecable de Vittorio Gassman, Raf Vallone, Silvana Mangano y la norteamericana Doris Dowling, hermana de la última amante de Cesare Pavese. La referencia a De Santis es por otro de sus filmes programado anoche por la RAI. En 1957 De Santis trató de volver sobre sus pasadas glorias, consiguiéndolo en buena medida con esta Uomini e Lupi (Hombres y Lobos), con Silavana Mangano de nuevo, en la poco obvia compañía de Yves Montand y Pedro Armendáriz, por la magia del cine convertidos en expertos cazadores de lobos en una apartada población de la apartada región de los Abruzzo. Una historia de amor y muerte, engaños y desengaños y demás ingredientes del melodrama, en el imponente escenario de las montañas en medio de las históricas tormentas de nieve. En efecto, en el invierno de 1956 Italia fue paralizada por una serie de nevadas sin precedentes. Fiel a su ética y estética neo-realista De Santis filmó on location. Y la secuencia de la manada de lobos furiosos entrando al villorrio bajo la no menos furiosa nevada, es para inmortalizar a cualquier realizador. El guion es notable, y no puede ser de otra manera cuando es escrito por maestros de la escritura para cine como el mismo De Santis y los grandes Tonino Guerra y Cesare Zavatini. Después de Hombres y lobos y teniendo en cuenta Arroz amargo, comienzo a revalorizar a un De Santis, cuya primera participación en el cine fue al lado de Luchino Visconti, de quien aprendió todo lo que de extraordinario tienen sus películas.
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