
En su interesante comentario sobre Williams Carlos Williams (1883-1963) recogido en su volumen Gli imperdonabili, la italiana Cristina Campo cita uno de los poemas más conocidos y enigmáticos del vate norteamericano. “To an Elder Poet” es come se llama y fue publicado en la revista Poetry en 1936. Este es mi frustrado intento de traducirlo al castellano:
Ser y no ser
capaz
de hacerlo.
Quieto
como una flor.
No una llama,
una flor marchita
por el calor-
una hermosa flor
colgando
en la lluvia
Nunca!
Con sobriedad-
más blanca
que el día-
Para siempre
a la espera de ser
sacudida
por la lluvia
Para siempre!
En un ingenioso e inspirado símil, la Campo sobre el texto: “(las palabras) separadas de su galaxia, no dispersas, sin embargo, sólo aisladas para formar constelaciones más raras”. Y termina: “Pero sobre este poema sólo podría decir que lo leo en la pared de una posada china escrita por un renacido Bai Juyi.

Con Li Po y Du Fu, Bai Juyi es uno de los grandes nombres de la poesía de la dinastía T’ang, que floreció en la China imperial durante los siglos VIII y IX. Y no le falta razón a la Campo cuando lo asocia con Williams, el poeta del siglo XX que mejor supo adaptar su lírica a las exigencias de la dicción china, cuyo principal y envidiado atributo es el de decir mucho con poco. Este es un poema de Bai Juyi, uno de los 3000 que se conservan. La traducción, con alguna enmienda mía, es de Chen Guo-jian:
Es flor sin ser flor,
niebla sin ser niebla.
Viene a medianoche
y se va al despuntar el alba.
Llega como un sueño de primavera:
Tan efímera.
Como nube matutina se aleja
sin dejar huella.
La breve poesía no es menos enigmática que de la Williams. Ambas ambiguas y misteriosas. La imagen de la flor convertida en alegoría de algo que apenas intuimos. En Williams la flor parece aludir al viejo poeta; en Bai Juyi, al tiempo, que “se aleja sin dejar huella”. Al comienzo de su trabajo Campo decía: “Escribí con naturalidad el adjetivo “china”, que dedicado a Williams causó cierto estupor. Mientras que parecía legítimo decirlo para el joven Pound o para la última lírica de Brecht”. En realidad, no tiene que causar ningún estupor. Como militante del primer imaginismo, Williams estaba familiarizado con los grandes nombres de la poesía china, la más imaginista de todas las poesías. No obstante, y Campo no deja de recordarlo, Williams era mucho más que un poeta “chino”. Fue también, como le descubrió Hans Magnus Enzenberger a sus lectores alemanes, uno de los pocos grandes poetas épicos del siglo XX con su formidable canto Paterson. Y, por si no bastara, un formidable autor de poesía amorosa, una de las prácticas más arriesgadas de la escritura poética, por aquello que Pessoa escribía, “todas las cartas de amor son ridículas”.

El poema de amor de Williams es una larga pieza dedicada a su esposa de toda la vida. Lo más conmovedor es que fue escrito en la vejez de ambos, cuando el poeta estaba convaleciente de un episodio cardíaco. Estos son su primeras líneas:
Del Asfódelo, esa flor verdosa,
como un ranúnculo
en su rama,
salvo que es verde y de madera.
vengo, mi amor
a cantarte.
Hemos vivido mucho tiempo juntos,
toda una vida llena,
si quieres,
de flores. Así que
me alegré
cuando me enteré
de que también hay flores
en el infierno.
Hoy
estoy lleno con el recuerdo de esas flores
que ambos amábamos,
incluso esta pobre
y descolorida flor.
La vi
cuando era niño,
poco apreciada por los vivos,
pero que los muertos sí entienden
preguntándose entre ellos:
Qué recuerdo
que tenía la misma forma
de esta cosa?
Mientras nuestros ojos se llenan
de lágrimas.
De amor, tolerante amor
dirá
aunque un baño de frágil rojo
lo coloree
para hacerlo de todo creíble.
Hay algo,
algo urgente
que tengo que decirte
a ti y sólo a ti
pero tiene que esperar
mientras bebo
la felicidad de tu compañía
tal vez por última vez.
Y así,
con temor en el corazón,
lo arrastro
y sigo hablando,
porque no me atrevo a parar.
Escucha mientras hablo
contra el tiempo.
No será
por mucho.
He olvidado
y sin embargo veo claro
algo
en el centro del cielo,
que se extiende a su alrededor.
Y así, a sus setenta años, sigue Williams con su poema por decenas de páginas hasta convertirlo en un pequeño libro que será incluido en su antología apropiadamente llamada Viaje al amor.
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