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Milan, jueves 18 de diciembre de 2025. Min Ray

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Min Ray

Después de las heroicas discusiones entre pintores y fotógrafos a finales del siglo XIX sobre la posibilidades de hacer arte con el nuevo medio, los fotógrafos se dispusieron en dos vertientes. Por una parte, los que insistían en el carácter documental de la imagen captada por la cámara. Cien años más tarde, todavía se les consideraba “documentalistas”, una tradición especialmente cultivada en Alemania y los Estados Unidos. Por la otra, estaban los que insistían en que la fotografía era un arte como la escultura o la pintura. Desde el comienzo, hombres de genio como Alfred Stieglitz, estimularon la tendencia. Una tercera posibilidad fue la que exploró en solitario el norteamericano Man Ray (“Hombre Rayo”), seudónimo de Emmanuel Radnitzky, nacido en Pennsylvania en 1880. Egresado de la Art Students League, de Nueva York, dejará de lado la formación universitaria para dedicarse a la pintura. Su interés en la fotografía era subalterno, se servía de ella sólo para tomar fotos a sus pinturas. El contacto de Duchamp, como bien podía y solía suceder, descubrirá en él un inagotable espíritu crítico y una incesante vocación transgresora. Fundan ambos la sección neoyorkina de Dadá, pero rápidamente se da cuenta que aquel no era aquel país para Dadá. Llega a Paris poco antes del estallido surrealista (1924) del cual se hará fotógrafo oficial y militante privilegiado. Y ya aquí, a este punto de su trayectoria, la palabra “fotógrafo” · no es suficiente. El Hombre Rayo seguía fiel a su vocación de pintor. Y no de otra manera deben ser apreciadas sus fotografías: como pinturas realizadas con una cámara fotográfica (o sin ella, como en el caso de sus “Rayografías”. Porque no son “fotografías” retratos como los de Breton, Lee Miller o Kiki de Montparnasse. Fotografías, son los retratos de Richard Avedon, por ejemplo, tan notables como los de cualquier maestro de la pintura. Si no fuera por lo cacofónico, diría que es pura meta-fotografía. La estupenda muestra que le ha dedicado a Man Ray el Palazzo Reale de Milán es oportuna para recordar la esencia de su poética. Al final del recorrido, quedamos seguros de que logró lo que nadie ha podido realizar ni antes ni después. Es decir, tomarle fotografías a los sueños.

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