Literatura

Lorca y su “complejo de infecundidad”

News Main Image

El llanto es el territorio total de esta voz, que nos propone un ay y la pena,
no solo como confesión sino como enigma.

José Ángel Valente

Todas las ventanas
preguntaban al viento
por el llanto oscuro
del caballero.

Federico García Lorca

Comencemos hablando de una pena de Lorca, lo que se ha dado en llamar su “complejo de infecundidad” (J.A. Valente), relacionado obviamente con su cualidad homosexual. Sobre este carácter del poeta se ha hablado demasiado, y demasiado mal; por una parte, la burla peyorativa y mordaz, por otra, la exaltación sin medida; en no pocos casos resalta la trivialidad, la causalidad o la reducción. Sin duda es un tema difícil, sinuoso, y se presta a todas estas posturas. Deseo, sin embargo, acercarme a él sobre todo con el respeto al que obliga el amor que sentimos por nuestros queridos poetas -con sus circunstancias vitales aparte. Es decir, por los poetas que nos han educado, que nos enseñaron qué es la literatura; esos quienes generosamente nos enseñaron a vivir y comprender de una determinada manera (Machado, Rilke, Lorca, Pavese…).

En lo que a su historia personal se refiere, los años entre 1929 y 1931 (viaje a Nueva York y Cuba) fueron para Lorca arduos y dolorosos: luchas consigo mismo, rechazos, reconocimiento, aceptación y repudio de su realidad; además, según informan sus amigos de entonces, conflictos provenientes de ciertos presentimientos a los que, según aprecia Juan Larrea, “puede obedecer esa pesadilla que a partir de 1929 se convierte en la segunda naturaleza de García Lorca, su obsesiva exaltación sangrienta que le lleva a escribir Bodas de Sangre, en que tan hondas analogías se encuentran con la tragedia española”, con la manera española de sentir la tragedia. Estas analogías de las que aquí hablamos, se establecen a través de la sangre (la muerte) y de la especial realidad del poeta, con la cual trataba dolorosamente de avenirse, pero cuya personalidad estaba signada “por su complejo de infecundidad”; indudablemente, la aceptación de sus peculiares inclinaciones eróticas obligaba al poeta, como a Yerma, a ahogar al hijo ni siquiera engendrado. En estas líneas, pues, trataremos de asuntos muy íntimos de la psique del poeta, los cuales se filtran a su quehacer y concentran la nuez de su carácter poético.

José Ángel Valente dedica a tan genuina pena de Lorca un hermoso y emocionado escrito, “Pez luna”, en el cual el poeta y crítico no solo se interesa en el conflicto con comprensión y conocimiento, sino que lo hace con impecable elegancia y continua alusión a la obra casi como única vía de conocer cuánto por esta causa sufría el poeta, qué honduras de su ser martirizaba y hasta dónde incidía la problemática vital y humana del hombre en el trabajo creativo. Igualmente aprecia el crítico cómo en realidad para Lorca “el eros homosexual no encontraría más nota específica (¿o más reproche?) que la imposibilidad del engendramiento” (Trece de Nieve, p. 200). Este motivo, como cualquier otro, puede ser experimentado por cada sujeto de muy diferentes maneras, incluso la completa indiferencia; pero nuestro poeta lo vivenció de modo verdaderamente trágico, como su obra revela a cada paso: el tema de la infecundidad, el hijo imposible (al igual que el motivo del amor imposible), reviste en la obra lorquiana carácter vital, le dedica constante, creciente e imperiosa reflexión; además, data desde muy temprano, como apuntan estos versos de 1917.

Mi templo está lejano
y mi rosa marchita.
La carabela negra
de la sexualidad
va sin velos ni remos
con Venus Afrodita
hacia el reino sin nombre
de la esterilidad.

(en Obras Completas IV. Círculo de Lectores-Galaxia Gutemberg. p. 221)

De este modo, según sugiere Valente, en la homoerótica habría también que apreciar su carácter de doble lucha para lograr recuperar parte de lo que tiene negado, y se afilia a la necesidad de reflexión del ser humano, porque, como se sabe, lo idéntico no hace conciencia. Cuando esta lucha ocurre al interior de un hombre inteligente y con emociones que demandan atención, puede convertirse en rito continuo, llegar, incluso, a hacerse verdadera obsesión o avanzar en el entendimiento de que

La maldición original estaría así en la escisión misma, cuando las dos mitades escindidas no se complementan y el eros es oposición de lo igual por lo igual, que aloja, sin embargo, por analogía con el universo, la incisiva nostalgia de la germinación.

(Valente. “Pez luna”. p. 200).

Quienes conocieron a Lorca confirman la intuición que se hace en todo lector del poeta, por poco prevenido que esté al respecto, de apreciar cuánto podía aterrar al hombre histórico y social que fue Federico García Lorca toda negación de futuro por muerte o infecundidad: temía el dejar de ser absolutamente; temía la muerte, la muerte radical, con toda su vida (“no quiero verla, no”, dice de mil maneras). Incluso, asegura su hermano Francisco que para Federico cualquier muerte, toda muerte, es siempre una forma de asesinato. Temía con igual furia la muerte física individual y la supresión de continuación a través de la sangre del hijo. Sus quimeras al respecto hablan de conflictos abismales. Por una parte, la procreación como fantasía, no solamente posible, sino realizada por el sujeto: “Yo tenía un hijo que se llamaba Juan”. Por otra, la fantasía cumplida, sí, pero también acabada; el copretérito del verbo no ofrece dudas. Además, en los versos siguientes de la misma composición (“Iglesia abandonada”) el “yo” particular se transforma en un “el” universal, por tanto, impersonal: “Èl tenía un hijo”, como si fueran muchos, millones de “él”, los pobres hombres que se quedan sin hijo, sin futuro y sin permanencia. En la “Canción inútil” (qué sugerente título) dice patéticamente

Yo.
¡Solo yo!
Labrando la bandeja
donde no irá mi cabeza.
¡Solo yo!

Es el sentir de quien se ve a sí mismo como una “Verde rama exenta / de ritmo y de pájaro” (“El espejo engañoso”).

Valente también aprecia cómo el llanto por el niño muerto -tan abundante en el poeta- jamás aparece “sin su contrapunto absoluto, el llanto por el niño no engendrado”, cuyo entendimiento nos llevaría a apreciar una “Doble muerte”. Incluso, en opinión de Valente, el primer gran llanto por lo estéril que en la obra de Lorca se oye no es llanto de mujer sino de hombre:

Joven:              Sí, mi hijo:
                             donde llegan y se juntan
                             pájaros de sueño loco
                             y jazmines de cordura
(angustiado)  ¿y si mi niño no llega?

Y todavía en el acto tercero, cuando ya todos los tiempos dibujan el de la muerte como solo destino, se oye el llanto por el no engendramiento:

Joven:             Sí, mi hijo. Corre por dentro de mí como una hormiga sola dentro de una caja cerrada. Un poco de luz para mi hijo. Por favor. Es tan pequeño… Aplasta las naricillas en el cristal de mi corazón y, sin embargo, no tiene aire.

En esta pieza, Así que pasen cinco años, escrita en 1931, aprecia Valente la clave para el entendimiento “de lo que aquí se siente como tema mayor de cuanto en esta voz, o en estos territorios de sumergida pena, llora”. (“Pez luna”. p. 194).

El paralelismo con Yerma es innegable; sin embargo, hay en estas quejas una ternura -paradójicamente viril- ausente en el personaje de Yerma, cuya queja, nos parece al menos, tiene un mayor componente artificioso e histérico, el cual, como ocurre con esa cierta inadecuación entre argumento y tema real en Yerma, puede deberse “al desplazamiento argumental del llanto por lo estéril (manifiestamente condicionado por la condición homosexual)”; no obstante, habría que entender, según aprecia Robert Brunstein, citado por Valente, que “Yerma no es portadora de un drama femenino. No llora llanto de mujer” (“Pez luna”. p. 199). Y sí, es cierto, porque cuando Yerma llora su maternidad imposible, no logra cautivar la simpatía ni la piedad de las mujeres-madres, mientras que los sollozos del Joven, conmueven. El mismo anhelo que feminiza y humedece al joven, convierte a Yerma en “machorra” y reseca. En el soneto “Adán” de Primeras canciones, una recién parida gime de alegría por “la luz que viene” con la leche a sus pechos, mientras un:

Adán sueña en la fiebre de la arcilla
un niño que se acerca galopando
por el doble latir de su mejilla

Este Adán sueña en la arcilla, crea en la arcilla, pero le falta algo para dar vida a sus sueños; ese algo y su nostalgia se le quedan en el alma y se hacen pena de ausencia. En el segundo terceto aparece otro Adán, más “oscuro”, pero paradójicamente su figura y su cuerpo no son de hombre, tampoco de indudable mujer, es de calidad ambigua y yerma, hasta peligrosa, es una:

neutra luna de piedra sin semilla
donde el niño de luz se irá quemando

Muy a despecho de cualquier interpretación antifeminista de estos versos, que trate de ver ironía o desprecio por la mujer, es decir, por la que puede concebir y no lo hace o si lo hace traiciona malignamente su naturaleza e instinto, al estilo de Bernarda Alba, lo más pertinente será preguntarnos a través de qué ocultas venas puede Lorca comprender tan oscuros sentimientos femeninos, correspondientes con la secreta órbita de lo primigenio maternal y sus polos contrarios: la vida y la muerte.

En “Espigas”, Lorca se acerca a la pena oculta de la maternidad. Al absoluto miedo de la madre:

Todas piensan los mismo,
todas llevan
un secreto profundo que meditan.

(Libro de poemas en Obras completas. p. 270)
Compartir:
Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Comentarios
--
First
2 days ago

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Suspendisse varius enim in eros elementum tristique. Duis cursus, mi quis viverra.

Responder
First
2 days ago

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Suspendisse varius enim in eros elementum tristique. Duis cursus, mi quis viverra.

Responder
Suscríbete a nuestra Newsletter

No te pierdas ninguno de nuestros artículos

Suscríbete para recibir una notificación por correo electrónico con nuestra Newsletter semanal.

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Mobile