

A finales del 2024 el Times Literary Supplement llamaba la atención sobre la lírica, en ocasiones obscenas (“El perro/su pena con una ligera erección/su lengua en mi cuero cabelludo/empapaba con su saliva toda mi cara”) y casi siempre veladamente erótica de la poeta griega Veroniki Delakoura (1952). Ahora, mientras me encuentro en esta Malta, distante apenas unos cientos de millas de la costa griega, me llega una selección de poemas de The Bird Shadows la antología que reseñara el suplemento londinense en la traducción de John Taylor. Lo que sigue son dos de mis versiones al castellano a partir del inglés de Taylor:
No me dejes, por favor no me dejes
en el amado infierno
La tierra cubierta por bajas nubes
las notas se elevan sobre un paraguas,
con sus vestidos fin de siglo, los niños cantan
y Franz, querido Franz se ahoga entre las rosas.
Qué puedo decir ahora que me hundo en mí misma,
en la cadena de palabras que lanza mi boca
perforada, flotando sobre los jardines que en invierno
guarda gotas de lluvia en sus corazones.
Y en cuanto al pecado confesaré haber anudado
mi corbata y asistido al funeral de mi alma, mi amada alma
espiando mi desnudez a través de la cerradura.
Seré seria y sólo hablaré de mi fútil amor
la lisa superficie de madera que protege
la infantil cabeza cuando bajas los codos
y susurrar apresuradamente el nombre
de la letra deshilachada, el falso territorio
de tu aún más engañosa ira.
El alma vio, los ojos crearon, la mano esculpió la misteriosa estatua. El pequeño jorobado se escondió allí, un poco más abajo se extinguió la desolada vida del perro, tan querido por aquella que…
no me ocupé de ti
las manos se movieron con dificultad
me despertaba tarde en la noche
me encontré con la mujer
que no poseía la espada pero
amenazaba con su rostro
me dio fiebre en España
antes de esos dolores allí
cuando cruzaba el blanco paisaje
me escondo de la chocante luz
porque había sido enviada tan lejos
como la fuerza vital lo consiente
mientras las paredes seguirán alzándose
Te juro que no me ocupé de ellos
al final no me interesaba
tuve un pequeño trabajo, pero odio el ruido
para nada me ocupé de ti
luchadores como tú estuvieron en la batalla
envejecidos héroes
Oh, no puedo encontrar el comienzo
todo se agrieta
Lentamente mientras se acerca
el indefinido y esférico universo.

La lírica de Dalakoura es una variación contemporánea sobre la vieja estética surrealista. La imagen priva sobre el sentido, la plasticidad del poema recuerda más la pintura que la poesía del movimiento. Paul Delvaux, Carrà, De Chirico, Carrington, más que Eluard o Desnos. La oscuridad del texto es fascinante. No todo hay que entenderlo, está la clave para la lectura de la poesía. No debería importarnos la identidad de la mujer que no poseía la espada. Basta imaginársela con su rostro amenazante, mientras la protagonista se siente indefensa en un mundo sin comienzo. Una sintaxis que expresa la psique profunda de la autora. Unas asociaciones que sólo en apariencia son arbitrarias. Una narrativa fragmentada que escapa en su sintaxis al orden tradicional. Sujetos sin predicado, predicados sin verbos. En una entrevista reciente, Veroniki:
Surrealismo y simbolismo combinado en los primeros libros; el hermetismo en los recientes, y el progresivo deseo de esconderse. Por supuesto, no podemos pasar por alto las diversas lecturas, el descubrimiento de nuevas fuentes de inspiración y el intento de llegar a ser un yo sin revelar a los demás que, a través del amor o la amistad, sin alterar el núcleo mismo de mi ser, han tenido una influencia decisiva en lo que soy. Fue a través de este proceso que la edad adulta siguió a la juventud, y la madurez se reunirá con la vejez. Como punto de referencia estos esfuerzos porque así es cómo veo mis poemas. Hay una memoria, independientemente de si sólo pasaron unos minutos o un tiempo relativamente largo, algo que me llevó a escribirlo, a capturarlo (de manera egoísta primero para mí, y luego para el lector).
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