
A los cincuenta años del fin de la guerra de Vietnam, el Cine Club Ambrosiano ha organizado el ciclo Vietnam del Otro Lado, cinco producciones de directores del desaparecido Vietnam del Norte: La temporada ventosa (1978), y La zona abandonada: Area libre de fuego, (1979), de Nguyen Hong Sen; Viviendo en el miedo (2017), de Bui Thac Chuyen; El puente de los elefantes (2005) y Cuando llegue el décimo mes (1984) de Dang Nhat Minh. Sólo la última es una película notable y la cual dediqué un comentario hace unos días en este diario. El problema con las otras producciones, como nos recuerda Robert Vifian nuestro corresponsal en París, “Es que Vietnam no ofrece libertad de creación. Las mejores películas tienen que ser hechas fuera del país”. La estricta censura no perdonó ni siquiera a Dang Nhat Min, a pesar de su filiación ideológica con el régimen. Las cinco tienen en común haber sido filmadas después del fin de la guerra por realizadores nacidos en el antiguo Vietnam del Norte, cineastas del “otro lado”, con un asunto único: la lucha por la reunificación del país. No obstante, tres de ellas están relacionadas por una circunstancia inédita en las películas realizadas por directores del “otro lado” de la contienda (Stone, Coppola, Kubrick, Robin Williams, Tommy Lee Jones). Me refiero a que en tres de ella las protagonistas son mujeres. Y en las otras dos, son los personajes femeninos las que orientan el curso de la historia. No se trata de una simple misoginia por parte de los directores occidentales, o de una exaltación del machismo heroico a lo Robert Duval en Apocalipsis Now. Tanto los de “este lado” como los del “otro” se limitaron a mostrar dos aspectos diferentes del mismo asunto. El protagonismo femenino entre los combatientes de Ho Chi Minh era una expresión del carácter popular de su empresa militar. Toda la población, no toda voluntaria, imagino, participó en la empresa bélica. De la parte de los Estados Unidos primero, y Vietnam del Sur más tarde, los voluntarios fueron escasos al comienzo y ninguno poco después. El puente de los elefantes película aparta el protagonismo femenino para cederlo a una participación aún más insólita. Me refiero a los elefantes, utilizados en el esfuerzo de guerra sin las expectativas del legendario Aníbal. Menos ambiciosos, los vietnamitas los utilizaron, a falta de tractores y maquinaria pesada, para la construcción de un puente estratégico con la participación de los habitantes de un poblado cercano al río y un maestro domador de paquidermos. Mientras el Pentágono acudía a la NASA para acceder a la más sofisticada tecnología, en el norte del país asiático se utilizaba la práctica milenaria del uso de elefantes para tareas como el transporte de materiales pesados en medio de la selva.

Nguyen Hon Sen fue un destacado realizador norvietnamita formado en Europa. A pesar de sus afinidades ideológicas con el régimen surgido después de la guerra, no pudo escapar a la estupidez indeclinable de la censura oficial, y sus películas, a pesar de sus logros técnicos, como la estupenda fotografía, termina sofocada por el obligado proselitismo. La temporada ventosa es una exaltación de la participación femenina en el conflicto.

Interesante y reveladora ilustración de la guerra en el delta del Mekong y la participación de sus casi anfibios habitantes. La burda caricatura de los soldados del Vietnam del Sur termina desdibujando el conjunto. A pesar de esto y gracias a la actuación y mejor dirección, el film mantiene su tenso ritmo hasta el indeseado final.

Esta conmovedora cinta fue objeto de algunos comentarios en una entrada de estos diarios.

Filmada en la frontera entre Vietnam y Laos donde se desarrolla la acción, exalta, como siempre en este cine, el heroísmo de los solados del Vietcong, pero más relevante es la insistencia en la compenetración de los vietnamitas con su naturaleza y fauna. Se trata de una historia circular que termina donde comenzó. En 1975, un esforzado ingeniero de Nordvietnam construye un estratégico puente sobre un caudaloso río gracias a la ayuda de los elefantes, criatura mítica en el imaginario de los países de Indochina. Treinta años después, a su hijo, también ingeniero, le corresponderá levantar la moderna versión del mismo puente. La manipulación de la censura es insoportable. Una joven pareja no puede hacer el amor porque no están casados y no pueden distraerse. El mismo muchacho tendrá que dejar a la novia porque tenía un viejo prometido al cual ha rechazado. No importa, un buen camarada no le quita la novia a un compañero, independientemente de que la joven lo quiera o no.

Basada en una historia real, el protagonista es un soldado del derrotado ejército de Vietnam del Sur en tiempos de la reunificación. Mal visto por las nuevas autoridades, goza, sin embargo, del favor femenino lo que lo lleva a la ilegal posesión de dos esposas a las cuales regresa desesperado cada vez que sobrevive a la desactivación de una mina o bomba. Una de los millones con las cuales los Estados Unidos sembraron el país asiático. Una buena película, bien dirigida y actuada que no despertó el interés en Occidente. El destacado novelista y ensayista Viet Than Nguyen le dedica, en su Nothing Ever Dies, un par de elogiosos comentarios.
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