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Gozo, lunes 11 de agosto de 2025. Neolitico Maltés

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Neolitico Maltés

Por alguna razón desconocida, en Malta y Gozo, dos de las tres islas de este archipiélago, se encuentran algunas de las ruinas más antiguas del Mediterráneo. Es probable que los primeros pobladores hayan llegado del sur de Sicilia hacia 3600 A.C. y escogido esta geografía para construir los templos más antiguos que se conservan. Son estructuras megalíticas pertenecientes al Neolítico temprano, unos mil años antes que Stonehenge. Los pacientes y largos trabajos de restauro han producido algunas arquitecturas casi íntegras que se corresponden con lugares de culto de proporciones formidables para el período. Construidas antes de las pirámides, sus descomunales dimensiones hicieron pensar que habían sido la obra de gigantes, habida cuenta del tamaño de algunos de estos megalitos. Descartada esta posibilidad, que me parece la más lógica, sin embargo, se le atribuyó este milagro de la arquitectura a los fenicios, que contaban con una tecnología más avanzada, pero su presencia en las islas es muy posterior. En la actualidad, se prefiere atribuirla a las poblaciones que ocuparon las islas hacia 3500, donde permanecieron durante mil años antes de desaparecer misteriosamente, como otras culturas mediterráneas. Con las grandes estructuras, se han encontrado algunas figuras femeninas de obesidad parecida a las muy anteriores del Paleolítico superior, como la de Willendorf, y seguramente objetos de alguna forma de veneración relacionada con la fertilidad. No obstante, como en Stonehenge, los templos de Malta y Gozo están dispuestos de tal manera, siguiendo el eje de los solsticios, que seguramente estuvieron dedicados a algún culto solar. Las más impresionantes de estas ruinas corresponden al período Tarxien (2500-200 a. C.) y se encuentran al sur de la isla de Malta, con una vista espléndida al Mediterráneo. Las más antiguas, en cambio, el Ggantija (3000-2500 a. C.), se encuentran en Gozo, igualmente formidables. Conmueve la voluntad de estos antepasados. Su confianza en la existencia de los inmortales, no importa bajo qué apariencia, la necesidad de mostrar agradecimiento, la conciencia de las limitaciones de la condición humana, la necesidad de consuelo y de otra vida menos penosa en un borroso e improbable más allá. Estos templos carecen del narcisismo de la gran arquitectura religiosa europea, desde el Partenón a Le Corbusier, quien quedaría altamente impresionado durante su visita a las ruinas de Malta en 1928. La piedad se siente en cada fragmento conservado de estas imponentes construcciones, esa ternura de la que habla el diccionario cuando define el término pietas. No menos impresiona la inteligencia que las hizo posibles. Tanta, que todavía estamos lejos de explicarnos cómo, sin mayores recursos tecnológicos, pudieron hacerlos. Es una lástima que en su paso por estas costas Ulises no se haya detenido a visitar estos templos. También es verdad que, aunque lo hubiese querido, Calipso, conociendo su escurridiza personalidad, no se los habría permitido.

Calipso

Son varias las localidades del Mediterráneo occidental que se atribuyen la ubicación de la gruta de Calipso, la isla de Pantelería, entre otras. Mas todo parece indicar que fue aquí, en Gozo, donde la diosa tenía su residencia. Una amplia cueva que incluía prados de violetas, un bosque de álamos y cipreses e incluso una viña de maduras uvas aptas para la elaboración del vino. Atraído por la preciosa voz de Calipso, Ulises la conoció y durante siete años disfrutaría de su lecho en la paradisíaca residencia. De la unión, de acuerdo a fuentes fidedignas, quedarían dos hijos de poca figuración. Calipso, desconsolada por abandono del amante, cometería suicidio. Al menos es la versión de Higinio, quien parece haber olvidado la naturaleza divina de la amante del hijo de Laertes. De Gozo, Ulises proseguiría su odisea hasta el estrecho de Mesina, donde enfrentaría la recepción menos amorosa de Escila y Caribdis.

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