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El problema de los tres cuerpos

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Liu Cixin ganó en el 2015 el Hugo Award a la mejor obra de ciencia ficción publicada ese año, por su novela The Three-Body Problem, siendo la primera vez que se otorga a una obra escrita en un idioma difernte al inglés. El libro, primer tomo de la trilogía Remembrance of Earth´s Past, fue llevada a la TV gracias a Netflix por los mismos productores de Game of Thrones. Poco antes, la novela también había inspirado una producción china, llevada adelante por Tencent, más fiel quizás al original. Me he leído las novelas dos veces y seguramente vendrá otra. Nunca pensé que podía estar tan de acuerdo con Barack Obama, como cuando afirmó que era una obra wildly imaginative, really interesting … Its scope immense.

Liu Cixin nació en China en 1963 en un pueblo minero en Yangquan, al Noreste del país. Es Ingeniero de profesión y trabajó en una Central eléctrica antes de dedicarse por completo a la escritura. Nunca participó en un programa de escritura creativa y si bien su obra tiene un componente de ciencia dura, quebranta todas nuestras nociones sobre el género y nos obliga a formularnos una pregunta: ¿se puede hablar de una literatura de ciencia ficción al margen de la occidental

Recordemos algunos ganadores del Hugo Award: Dune de Frank Herbert en 1966, The Left Hand of Darkness de Ursula K. Le Guin en 1970 y Ender´s Game de Orson Scott Card en 1986. Y algunas de las obras premiadas con el Nebula Award: Do Androids Dream of Electric Sheep de Philip K. Dick en 1969, Rendezvous with Rama de Arthur C. Clarke en 1974. Todas ellas escritas originalmente en inglés y para ser más precisos, la Edad de Oro de la SF (años 40-50), estuvo dominada por Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Robert A. Heilein (Stranger in a Strange Land, 1961). Dos norteamericanos y un británico.

Ahora nos enteramos de que el nuevo universo de la SF no se escribe en un idioma occidental, a pesar de que Liu Cixin confesó haber descubierto el género al toparse en una caja escondida en la casa de sus padres, por temor a la censura, con una novela de Julio Verne que lo terminó cautivando. Y luego, ya galardonado con el premio más importante de la ciencia ficción de su país, el Galaxy Award, admitió que las obras decisivas que inspiraron su carrera literaria fueron la película 2001, Odisea del espacio de Stanley Kubrick y la novela 1984 de George Orwell. No en balde el comienzo de su trilogía narra la historia de una disidente china desilusionada con el proceso revolucionario, cuyo padre fue ejecutado durante la Revolución Cultural, que “invita” a los alienígenas a invadir la tierra y acabar con la especie humana, una raza de gente perversa, sin noción del bien o del mal e incapaces de hacerle frente a la verdad.

La especie alienígena, los Trisolaris, inicialmente confía en algunos humanos para dominar el planeta, pero enseguida comienza a desconfiar al darse cuenta de nuestra innata capacidad para mentir y de ocultar grandes verdades interiores. Ellos no saben ni pueden mentir, se comunican de forma instantánea y todos ellos saben, al mismo tiempo, lo que los demás piensan. Se hace imposible no decir la verdad, es imposible ocultarla.

Mientras leí a Liu Cixin me acordé del relato A Story of Your Life de Ted Chiang , germen de la película Arrival de 2016, dirigida por Denis Villeneuve, que habla no de tecnologías sino del lenguaje, de la percepción del tiempo y la comunicación intercultural. Ted Chiang nació en 1967 en Nueva York, pero comparte con Liu Cixin una importante condición: es hijo de inmigrantes chinos y su idioma materno es el mandarín. Su obra no es solo una crítica despiadada contra los excesos de la Revolución Cultura en la era Mao, sino a la realidad más íntima de la sociedad contemporánea.

El tema del cataclismo final, de la batalla definitiva, forma parte de nuestra bagaje psíquico y político desde octubre de 1962, cuando la crisis de los misiles en Cuba. Y todavía, al sol de hoy, crea repercusiones inmediatas en nuestra manera de pensar y hasta de hacer o hablar política, más con lo que está ocurriendo estos días en Teherán. Ya es un proceso que mueve a países enteros tanto como a individuos ansiosos, analistas de los titulares de los medios más serios e informados. Pero al igual como ocurre con el relato de Ted Chiang, saldremos adelante. El telescopio de estas poderosas ficciones de SF nos acerca no sólo a los confines de la Vía Láctea sino a la realidad más íntima de nuestras habitaciones, de noche, cuando no hace falta mentir o disimular.

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