Diarios

Diario literario 2026 (agosto #3)

Casa ajena: Elena Croitoru; Manosque; anónimo veneciano; Clemente entre la India y Milán

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Begur, viernes 14 de agosto de 2026

Casa ajena
Joseph Conrad, Wladimir Nabokov, Junot Díaz & Ocean Vuong

Ninguna lengua más permeable a la recepción de escritores con otro parlar materno que el inglés. Cada idioma, es verdad, tiene los suyos. El francés dio la bienvenida al anglo-parlante Samuel Beckett para que obtuviera su Premio Nobel. Antes lo había hecho con Romain Gary y después con algunos intelectuales nativos de excolonias en el norte de Africa. No obstante, ni el francés ni ningún otro idioma occidental ostentan un inventario como el anglosajón con nombres como los de Conrad, Nabokov, De Man, Brodsky, Taleb, Rushdie, Izaguro, Junot Díaz, Ocean Vuong y decenas de otros autores de los más variados orígenes. El más reciente el argentino Hernán Díaz, premio Pulitzer en el 2022 por su estupenda novela Fortuna. Por su parte, Borges, hasta dónde sé, no pasó de algunos poemas e irregulares traducciones. En los Estados Unidos no son pocos los poetas de lenguas nativas que se expresan en la lengua de Shakespeare. En Inglaterra, Elena Croitoru, aunque siempre ha escrito, al parecer, en inglés, tiene profundas raíces en el rumano. Este es uno de sus poemas, publicados en Poetry Review que he traducido del inglés:

Quatum mechanics

Mi padre decía que cada mundo
de manera inadvertida
creaba su propio peso, ¿Cuál es la diferencia

entre esta vida y esa?, preguntaba
aunque sabía que dos moléculas
con la misma forma

pero vibraciones diferentes podían
despertar dos olores distintos: un olor
a Savignon blanco y otros a podredumbre.

No creía, tampoco ahora lo creo yo,
que pudiera decaer tan rápido,
su columna presionaba un maltratado nervio

y su corazón se detenía con frecuencia.
Solía decir que en la vida no se trata
de repetir la felicidad y cuando veía

a mi madre, la cabeza llena de vino,
sabía lo que quería decir.
Una vez se sentó en un banco

después del trabajo, pensando en su vida
y en el regreso a pesar todos los pronósticos.
Se cayó de la bicicleta y se raspó las rodillas

con el pavimento, pensando que le podría
volver a pasar porque
el cielo inmaculado era suficiente.

Había tanta luz en eso
que cuando el tiempo atravesó el cuerpo
de mi padre, se sintió como un hombre diferente.

Si la partícula genera masa,
en menos tiempo de que lo toma a alguien
verlo a uno cuando no podemos

conocernos, decía,
mirando su vino de gas como
si ya estuviera realmente viejo.

Manosque, sábado 15 de agosto de 2026

Jean Giono y Francisco I

De paso por esta pequeña y vieja ciudad provenzal que es el escenario de las mejores narraciones de Jean Giono, el más ilustre de sus nativos, algunas de ellas más conocidas por sus versiones cinematográficas. No es especialmente acontecida o ilustre la ciudad. Todavía se habla del infame episodio ocurrido durante la visita de Francisco I, rey de Francia. En efecto, para recibirlo, las autoridades escogieron la más hermosa de las doncella para que le entregar las llaves de la ciudad. Animado por la apariencia de la joven, el monarca no ocultó sus aspiraciones de llevarla ese mismo día a los reales aposento. Enterada de los torvos deseos de Francisco, la chica se desfiguró el rostro y lo expuso a los efectos del azufre para que el soberano se olvidara de ella. Y así lo hizo el visitante, quien prefirió dormir sólo la noche del infausto día. Desconozco si Giono hace mención a esta desgracia en algún título de su dilatada bibliografía. Pocos autores han sido tan favorecidos por los realizadores de cine. Por lo menos desde 1934 hasta 1995, veinticinco años después de su muerte, cuando Juliette Binoche protagonizó la aventura de Un húsar en el tejado. Antes, Marcel Camus y Raoul Ruiz se encargaron de filmar otras novelas de Giono. Manosque, sin el gran autor no sería favorecida por ninguna guía turística.

Ferragosto

El llamado Ferragosto es uno de los días más esperados en Italia. Marca el comienzo  oficial de las vacaciones que transforma de manera radical el aspecto de sus principales ciudades. Calles vacías, sin peatones ni vehículos. Un denso silencio y una prolongada pausa en las oficinas públicas y privadas. Mina le dedicó una canción, y Dino Risi comienza su comi-tragedia Il sorpasso, un día como este, con Vittorio Gassman al volante de una Lancia en busca de aventura, al lado del iniciático joven Jean-Louis Trintignant, animados por la voz de Peppino di Capri.

Milán, martes 18 de agosto de 2026

Clemente (1)

Hará cosa de treinta años me sorprendió Francesco Clemente con una retrospectiva gigante en el Museo Guggenheim de Nueva York. La sorpresa era la juventud del artista en el contexto de una tradición museística consagrada a los grandes maestros de la modernidad con lo mejor de su obra ya realizada. Y Clemente apenas tenía cuarenta y siete años. No es improbable que pintores más jóvenes hayan sido objeto de reconocimiento semejante por parte del Guggenheim, pero en ese momento no me resultaba del todo obvio. De la enorme muestra, escribí y publiqué una reseña en el suplemento Verbigracia de Caracas a comienzos del 2000. Lo que más me interesó, y me sigue interesando, es la decisión del artista napolitano de acudir al arte y tradiciones de la India para superar su cul de sac creativo a comienzos de la década de los setenta del XX. La India, como fuente de inspiración, o liberación, es un recurso de vieja data entre los escritores y pensadores occidentales. Pero, hasta dónde sé, Clemente fue uno de los primeros artistas plásticos en asumir este rito de paso. Se puede decir, que, desde entonces, todo lo que ha ejecutado lo ha hecho bajo la gravitación de las imágenes y conceptos del Oriente indio. A mediados de 2013, en una importante entrevista con Alex Bacon, el artista se refirió a las razones de su viaje al legendario Oriente:

Todos esos poetas (Pound, Ginsberg, los Beat) habían mirado hacia el Este en busca de inspiración y también yo estaba ansioso de escapar del materialismo occidental…Estaba buscando un lugar que pudiera ofrecerme alternativas al mundo contemporáneo. Lo que era interesante de la India es que se trataba de un país contemporáneo que no compartía todas esas imágenes, fetiches y dogmas de Occidente. Y no era un país de otros tiempos. El año era el mismo en la India que en Europa o los Estados Unidos, pero vividos a través de una sensibilidad completamente diferente…Quería adelantar mi trabajo de una manera no-lineal, expansiva, adoptando el lenguaje de la tradiciones fundadas en la contemplación. En los fundamentos del pensamiento hindú existe la idea de que el conocimiento es un don y que nuestro itinerario no es hacia el conocimiento sino que se origina en el conocimiento. El momento inicial de nuestro viaje es un momento de absoluto conocimiento y de allí entramos en el escenario de una obra que tiene el potencial de desarrollarse en todas las direcciones. Somos testigos de que las escogencias pueden ser contradictorias pero las acogemos y dejamos que se desplieguen.

Milán, miércoles 20 de agosto de 2026

Clemente (2)

Treinta años después del “show” en el viejo Guggenheim, me sorprende de nuevo Francesco Clemente con su gran retrospectiva milanesa en la sede de la Triennale. A propósito, La Lettura, el papel literario de Il corriere della sera, le realizó una entrevista en la residencia del artista en Nueva York, acompañado para la ocasión por la novelista india Kiran Desai, su buena amiga. Después de detenerse largamente en su experiencia oriental, Clemente se expresó sobre su actual exposición:

La lettura: Su retrospectiva en Milán, se titula “In Beetween”, ¿qué significa para un artista encontrarse “en el medio”?

Clemente: En mi caso es una referencia bien sea a mi manera de trabajar, que consiste en encontrarme a caballo entre culturas diversas, bien sea a mi vida. Estar en la India, estar en Italia, estar en Nueva York. Pero es también una referencia al “bardo”. En la tradición tibetana “bardo” indica el estado entre una vida y la otra. Pero el “bardo” es también la fase que atravesamos en nuestra experiencia cotidiana. Si la conciencia es la continuidad en la discontinuidad, hay discontinuidad en la conciencia. No sabes quién eres durante todo el tiempo en cual pensabas saber quién eras. Hay un intervalo, y después te dice de nuevo: “yo soy”; otro intervalo lo refirma “yo soy”. En el medio, In Between, tal vez se encuentra el centro que genera todo: pero no estamos del todo seguros que está ocurriendo en ese centro. Tal vez la vía es saber vivir en la tierra del medio. Qué suerte que tanto en Nápoles como en Nueva Dehli los mediodías sean tan largos.

Sobre Krishanamurti, el gran profeta para los occidentales de la sabiduría de la India:

He transcurrido los llamados años de formación en el complejo de la Sociedad Teosófica leyendo textos de los Libros Sagrados del Oriente, publicado a finales del XIX. Y en cada Navidad viajaba a encontrarme con Krishnamurti, para escucharlo más de cerca.

En Venezuela, Krishnamurti ha tenido una sostenida gravitación, desde el grupo Los disidentes, siguiendo por lectores como Rafael Cadenas o el poeta Carlos Rocha, cuya adhesión lo llevó a convertirse en monje tibetano. Detrás de esta devoción, siempre la dedicación del filósofo venezolano J.R. Guillent Pérez.

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