.png)
Czeslaw Milosz nació en Šeteniai (Lituania) en 1911 y murió en Cracovia (Polonia) en 2004. Fue poeta, traductor, ensayista y un gran difusor de la poesía polaca contemporánea, que tradujo al inglés y publicó en el ya clásico Postwar Polish Poetry. Durante la Segunda Guerra Mundial permaneció en Cracovia, “la ciudad más castigada de Europa”, como escribió en El pensamiento cautivo, su más célebre libro de ensayos, de una inquietante actualidad en los tiempos que corren. En 1951 pidió asilo en Francia y en 1960 se trasladó a Estados Unidos, donde dio clases de lengua y literatura eslavas en la Universidad de California. En 1980 recibió el Premio Nobel de Literatura.
Estos poemas fueron traducidos del inglés a partir de los textos contenidos en New and Collected Poems: 1931-2001 (Ecco, New York, 2001).
Traducción y nota: Carmelo Chillida
Tú a quien no pude salvar
escúchame.
Trata de entender este simple hablar como si
me avergonzara de otro.
Juro que no hay hechicería en mis palabras.
Te hablo con silencio, como una nube, un árbol.
Lo que me fortaleció, para ti fue letal.
Confundiste el adiós a una época con el comienzo
de otra,
la inspiración del odio con la belleza lírica,
la fuerza ciega con la forma cumplida.
Este es el valle de los poco profundos ríos polacos.
Y un puente inmenso
se pierde entre la niebla. Es una ciudad en quiebra,
y el viento arroja chillidos de gaviotas sobre tu
tumba,
mientras hablo contigo.
¿Qué es la poesía si no salva
naciones ni pueblos?
Un disimulo ante las mentiras oficiales,
una canción de borrachos que serán degollados
en un instante,
lectura para las estudiantes del segundo año.
Que yo necesitaba buena poesía sin saberlo,
que descubrí tarde su efecto curador,
en esto y sólo en esto encuentro salvación.
Siempre he aspirado a una forma más espaciosa,
libre de las demandas de la poesía o la prosa,
que nos permitiera entendernos sin exponer
al autor o al lector a sublimes agonías.
En la misma esencia de la poesía hay algo indecente:
algo que no sabíamos que estaba en nosotros sale a la luz,
y parpadeamos, como si un tigre saltara
y se irguiera en la claridad, sacudiendo la cola.
Por eso se dice que es un demonio el que dicta la poesía,
pero sería exagerado afirmar que se trata de un ángel.
Es difícil comprender de dónde proviene el orgullo de los poetas,
tan a menudo avergonzados por la revelación de su fragilidad.
¿A qué hombre razonable le gustaría alojar un pueblo de demonios
que se comportan como si estuvieran en casa, hablan distintas lenguas,
y que no satisfechos con usurpar sus labios y su mano,
alteran su destino según les viene en gana?
Cierto que lo mórbido es hoy muy apreciado,
y podrías pensar que sólo estoy bromeando
o que simplemente invento otra manera
de elogiar el Arte con auxilio de la ironía.
Hubo un tiempo en que sólo se leían libros sabios
que nos ayudaban a sobrellevar el dolor y la miseria.
Esto no es, después de todo, lo mismo
que hojear cientos de obras recién salidas de clínicas psiquiátricas.
Y sin embargo el mundo es diferente de lo que parecía ser
y nosotros mismos no somos lo que creímos en nuestros desvaríos.
Así, la gente preserva en silencio su integridad
y se gana el respeto de familiares y vecinos.
El propósito de la poesía es recordarnos
qué difícil es ser una persona,
pues nuestra casa está abierta, no hay llaves en las puertas,
e invisibles huéspedes entran y salen a voluntad.
Lo que digo aquí no es poesía, de acuerdo,
pues los poemas deben ser escritos raras veces y con reticencia,
bajo una compulsión insoportable y sólo con la esperanza
de que los buenos espíritus, y no los malos, nos escojan como su instrumento.
Queríamos confesar nuestros pecados pero no había quien escuchara.
Las blancas nubes rehusaron hacerlo, y el viento
estaba atareado visitando mar tras mar.
No logramos interesar a los animales.
Los perros, decepcionados, esperaban una orden;
un gato, como siempre inmoral, se quedaba dormido.
Una persona que parecía muy cercana
no quiso oír de cosas pasadas tiempo atrás.
Las conversaciones con los amigos, tomando vodka o café,
no deberían prolongarse más allá del primer signo de aburrimiento.
Sería humillante pagar por hora
a alguien con un diploma, sólo por escuchar.
Iglesias. Tal vez iglesias. Pero confesar allí qué.
Que solíamos vernos apuestos y nobles,
pero ahora en nuestro lugar un feo sapo
entreabre su grueso párpado
y uno puede verlo claramente: "Ese soy yo".
Es cierto, mi demonio, que no podría haber vivido de otra manera.
Hubiera perecido de no ser por ti. Tu encantamiento
resonaba en mi oído, me llenaba,
y sólo podía repetirlo, en vez de pensar
en mi mal carácter, la decadencia del mundo
o el recibo de lavandería perdido.
Pareciera que mientras otros amaban,
se esforzaban, odiaban, desesperaban,
yo sólo me ocupaba de escuchar atentamente
tus turbias notas, y convertirlas en palabras.
Tuve que aceptar mi destino, que ahora llaman karma,
fuese como fuese, aunque no lo escogí;
y levantarme cada día para honrar el trabajo,
aunque no fueran míos ni la culpa ni el mérito.
Sería más decoroso no vivir. Vivir no es decoroso,
dice el que tras largos años
regresó a la ciudad de su juventud. No quedaba nadie
de aquellos que una vez caminaron por estas calles.
Nada tenían ahora, salvo sus ojos.
Caminó tropezando y miró, en el lugar de ellos,
la luz que amaban, las lilas otra vez en flor.
Sus piernas eran, después de todo, más perfectas
que piernas inexistentes. Sus pulmones inhalaban el aire
como suelen hacerlo los vivos. Su corazón latía
sorprendiéndolo con su latido, en su cuerpo
fluía la sangre de ellos, sus arterias le daban oxígeno.
Sintió dentro de sí el hígado, el bazo, los intestinos de ellos.
Masculinidad y femineidad, ya idos, en él se reunieron,
y cada vergüenza, cada pesar, cada amor.
Si alguna vez accedemos a la iluminación,
pensó, será en este momento de compasión
cuando lo que los separaba de mí se desvanece
y la llovizna de un ramo de lilas
cae en mi cara, en la de ella, en la de él, a un mismo tiempo.
Suscríbete para recibir una notificación por correo electrónico con nuestra Newsletter semanal.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Suspendisse varius enim in eros elementum tristique. Duis cursus, mi quis viverra.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Suspendisse varius enim in eros elementum tristique. Duis cursus, mi quis viverra.