Literatura

Apuntes sobre "Como de otra orilla" de Noni Benegas

News Main Image

Este recorrido por la poesía de la poeta argentino-española Noni Benegas (Buenos Aires, 1947) de mano de la selección y de los comentarios de la poeta venezolana Verónica Jaffé permite transitar un camino intenso, rico en transformaciones y movimientos psíquicos y poéticos: se aprecia el dinamismo que va de la juventud a la madurez, de lo exterior a lo interior, de la ira a la paz, del decir desbordando al decir contenido sustentado en la construcción de una identidad que se va confirmando al mismo tiempo que se moldea destilada por el tiempo y las vivencias.

Noni Benegas reside en España desde 1977 y, además, de poeta, antóloga, traductora y artista plástica se le considera una influencia pionera en la conformación de la cultura feminista y no binaria desde la década de los noventa en España. Es autora de la antología Ellas tienen la Palabra. Dos décadas de poesía española (1997), un hito significativo para la poesía española y cuyo estudio preliminar explora el porqué se ha excluido a las mujeres del canon literario. La importancia de este estudio es tal que fue editado en solitario en 2017 por el Fondo de Cultura Económica de Madrid. Presente en numerosas antologías, su obra que ha sido reconocida con varios premios, ahora se nos presenta en una relevante antología editada por Kálathos Editores en 2025 bajo el título Como de otra orilla. La selección cronológica (se agradece el orden) permite apreciar no solo el tránsito del discurso poético de Benegas sino cómo las tendencias de cada época se reflejan en una escritura que interroga y dialoga con su realidad. Verónica Jaffé con sus eficientes y pulcras notas que preceden a cada libro de los aquí antologados demuestra su comprensión del mundo poético de Benegas aparte de abrir otras posibilidades de lecturas.

¿Cómo es esa primera visión poética, cómo son esos primeros pasos y qué nos indican? En sus dos primeros libros se combinan lo teatral, la erudición, la mitología con la ligereza y el humor habitando muchas veces el absurdo y lo caótico. Un ejemplo, no el más mordaz ni el más extremo, es

Still Life

Platón urgía: “¡sacrifica, sacrifica!” Agoreros y sibilas pronosticaban un año extraño. Llevé la caballería a beber al río, y a vista de mis ojos descendía otra semejante por el caudal inferior.
Narciso y Eco se disputaban la última palabra, mientras Alcibíades abanicaba unas dalias convencido de su fiereza.

Rosas…por cada terciopelo que nace espeso de líquida suma, mil gestos silvestres abonan la tierra con desvarío.
Rosa cae por sí y en su fuego se yergue. ¡Qué escalofrío cuando se cree asistir a su muda, y en lugar de la insomne progresión, yace un cairel astillado!

El quinto número de la lotería pugnaba por salir; se exhibían cifras complejas, múltiplos y declinaciones de otras; el singular, angustiado, apartaba de sí combinaciones dispuestas a simular parentesco. “Ni derivo ni dilato, quedo” Pero no salía, y cada bolilla arrastraba consigo masas de números excitados.
“Meca hay una sola”, arguyó Licas. Pura arropaba un ábaco. “Tomarás frío”, insistía, mientras frotaba pares e impares.

Still Life es un poema en prosa con tres bloques autónomos en cuanto a su sentido: el primero gira en torno al mundo griego antiguo; el segundo trata sobre la rosa y el tercero, sobre la lotería, que es decir el azar. Cualquier interpretación que se intente de un texto con estas características será siempre un poco o bastante aventurado. El título nos remite a dos significados: «bodegón» y «todavía viviendo». El antiguo y popular tópico del bodegón propicia la reunión de elementos disímiles lo que justificaría la diversidad de los temas aparte de proponer otro estilo ya no solo visual sino verbal bajo, lo cual no deja de ser irónico, un título altamente codificado y del noble mundo del lugar común ―en el sentido como lo usa Pedro Salinas en su ensayo sobre Jorge Manrique―, arropa un mundo desarticulado con tiempos y espacios diferentes, pero unido por el ritmo y el tono.

En sus primeros libros es diáfana la intención de desacralizar, burlarse y cuestionar los grandes relatos de la cultura occidental a través de la inversión y la carnavalización (diría Bajtin y seguidores). La personalización y la alegoría son operaciones verbales activas en estos poemas en prosa que reactualizan tópicos medievales.

Con La balsa de la medusa cambia el registro. Aparece el verso, se transforma el ritmo. Ya no recurre al amontonamiento de imágenes (ah, el barroco), ya no le preocupa cuestionar de manera evidente el imaginario occidental ni reescribirlo en clave de parodia, surge una voz más íntima: hay sosiego. Se ha impuesto el pequeño mundo, el «jardín minúsculo».

En Reinas, cuyo desarrollo invoca no solo dos arquetipos en tensa oposición, es posible establecer una asociación con El príncipe y el mendigo de Dickens, y con el rol del usurpador y el impostor, antes de que se popularizara el síndrome en el habla común («En definitiva, sólo las reinas de verdad sueñan, / pues las mendigas se agitan demasiado / con tal de olvidar.»).

En Cartografía ardiente conviven prosa y verso. La relación con la palabra es su tema. Está escrito desde un lugar disminuido, humilde: «Esa soy o sería / quebrada y poca.» («Cajas destempladas»). Hay poemas que apuntan a lo esencial del lenguaje, la diafanidad surge de la economía, tal como ocurre con «Caricia»:

Curva
declive
hueco
huera esencia
del acariciar

Al poema que da título al libro, de tono erótico, me atrevo a considerarlo emblemático dentro de la obra de Benegas, un poema de madurez, en él se percibe el dominio del ritmo y la musicalidad, de la tradición de la poesía hispana y la ruptura con el tema de las estaciones y con el lugar común del otoño, tan profundamente tratado por Francisco Brines y otros poetas. La mirada intensa, pero distante que construye esta cartografía, me recuerda a poetas de la generación del 50.

Cartografía ardiente

¿Podría el otoño
ser maleza,
un hilo entre las rocas
serpenteante,
cañamazo indeciso
por la red de tu mirada?

¿Podría, pulsión aguda,
sentir tus bordes
desplegarte
como un mapa nuevo
—cartografía ardiente—
comprometer mis caminos
desandarte?

Si hubiera otoño
así sería.

En De ese roce vivo se revela todo el peso de la tradición de la poesía hispana y, en particular, la del Siglo de Oro en la sintaxis, los vocablos elegidos, el ritmo. De la tradición no se escapa, aunque se intente romper con ella y este libro lo demuestra con fervor. Y una sola clave explícita en el libro anterior Fragmentos de un diario desconocido y en Animales sagrados: San Juan de la Cruz.

Pensamos juntas,
en un leve aleteo me decís: cuidáte

y siento la conseja
como un breve apretón,

aquel que hiciste con tu mano
dibujando una eternidad
para siempre en la mía.

De ese roce vivo.

Un libro decididamente amoroso, con alma manifiesta: «Qué dulzor se me atraviesa / qué fragor tu continencia.»

En Lugar vertical se establece la conexión entre la tierra y el cielo, lo de abajo y lo de arriba, lugares que establecen una línea vertical y la imagen de una moneda da la idea de unión irresoluble: «mi anverso palpando el mundo / mi reverso oreando al cielo». Pero, por supuesto, no es un texto que aspira a lo ascensional, no cabe esto en las propuestas poéticas de la autora, quien siempre contempla los extremos y la inclusión, la duda («Así, de duda en duda, / se fue abriendo una gran brecha en mí».) y la iracundia ante la realidad («Mil corajes son útiles»).

Aquí emergen rastros del tono de sus primeros libros, una ferocidad ante el mundo, la despiadada crítica, lo arquetipal como sustento de la mirada penetrante. La vieja rabia emerge, pero no se roba la calma conquistada en el discurso poético, así suavemente aparece un instante y la pausa:

Calimas
caligrafías vanas
de sabor inerte.

Calor cansado
detiene el trazo
del aire breve.

Absorta
ciudad astillada
en siesta, en sombra.

Madrid y junio

El poema «Daban ganas de recoger esa fuerza» es, quizás, revelador en Animales sagrados, antes ha elaborado una especie de bestiario genérico e íntimo que remiten al yo interior.

Daban ganas de recoger esa fuerza
que venía de fuera, del otro continente,
como quien se unta de pies a cabeza
con la sangre del enemigo.

que era un embeleco.
Había venido a Europa a ungirme
con la gloria añeja de estos monumentos,
tótems del dolor de otrora,
y aún debía recorrer más mundo
para embeberme de ellos.

Su ansia,
eso era lo peor;
su entusiasmo feraz
y esa necesidad a flor de piel
la conocía: es la que alumbra en mí
como la luz de las luciérnagas
la expectativa de siempre
del desposeído,
al borde de la ruta,
el del humus fértil de sueño y avaricia.

En Falla la noche, surge la pérdida de lo nocturno como atmósfera existencial, como refugio psíquico, sin olvidar el lugar que ocupa como tópico y tema en la literatura y el arte. En este contexto, enunciar que «falla» apunta a una mirada crítica contra una convención cultural, simbólica e imaginal de la noche, mas no aboga por lo diurno como energía predominante. De hecho, caída se asimila al régimen de lo nocturno. Entonces es un libro que se vincula a la noche con distancia, sin entrega plena ni pertenencia.

Lo que está
debajo del discurso
-del discurrere: correr de aquí a allá-
enlace entre una cosa y otra,
sacar conclusiones, juzgar;
debajo de la ruina.

Lo que está
y busca ocultarse

la caída.

Uno de los valores de esta obra es apuntar a un equilibrio que poco tiene que ver con el clasicismo y mucho con el cuestionamiento de lo pasivo y con lo caótico: un orden construido desde lo personal y lo íntimo, no asimilado a la corriente general de la cultura occidental sin dejar de alimentarse de ella. Otro aspecto a resaltar es que ha sabido alejarse de los extremos y, por lo tanto, de las tendencias maniqueas y fundamentalistas tan predominantes en esta época. Si bien, Noni Benegas termina estructurando un discurso poético equilibrado en sus componentes formales y semánticos, lo hace sobre un terreno desmalezado de los grandes relatos culturales, de las convenciones aceptadas sin cuestionamiento, de cómodos valores. Todo ha sido revisado, olfateado, derruido para construir una identidad marcada por la duda y por la calma que otorga el coraje de haber sido fiel a sí misma a lo largo del camino.

Comprar
Compartir en:
Suscríbete a nuestra Newsletter

No te pierdas ninguno de nuestros artículos

Suscríbete para recibir una notificación por correo electrónico cuando publiquemos un artículo.

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Mobile