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Ángel Leiva (Tucumán, Argentina, 1941) es poeta, artista plástico, académico universitario y crítico. Celebró cincuenta años de trayectoria pictórica y literaria en 2017. «Cuando escribo pinto la realidad de una manera expresionista abstracta» le especificaba a Roberto Espinosa en una entrevista publicada en La Gaceta en 2019, y puntualizaba que «mis temas vienen de la experiencia vital» y que su trabajo artístico no era indiferente a los hechos sociales y culturales de su tiempo.
DESDE el largo tormento de una vida
de fracasos y llena de tropiezos
a los que venimos asistiendo por culpa
de los dueños de las guerras
y las pestes que convergen en un centro
asimétrico del cielo y la mirada
Este fragmento es de su reciente libro Infinita poesía (Madrid: Kálathos, 2025), libro marcado por el deseo de recuperar el instante, sin embargo, no es el único desafío que se traza en su escritura:
el consabido trato del alma
que se anida en el cuerpo
en el oficio duro de vivir
con la pasión
cantando las palabras al aire
El escritor hispano-argentino presenta en esta oportunidad un libro estructurado por once poemas que se despliegan a lo largo de 250 páginas aproximadamente. Esta estructura también puede leerse como partes o divisiones del poemario, pero terminé considerándolos poemas por la cohesión temática y formal que cada uno muestra, por el uso de números para identificar los textos sometidos a cada título y por la unidad estilística que se observa a lo largo del libro. Once poemas que aquí enumero: «El viaje de quien sabe a dónde (vamos)», «Condenados al silencio», «Querida hermosa tierra», «Este es el viaje de la historia», «Poemas en espera», «Y recuérdate», «Desde la historia», «Quiero me gustaría», «Amar-amor», «Algunas veces» y «Cuando es siempre».
De principio a fin, Leiva mantiene la temperatura, crea la atmósfera del inconforme: no acepta el statu quo y abre lugar para la nostalgia de los tiempos pasados. Así este viajero que siempre está en movimiento hacia un mañana, busca un tiempo perdido y anhela in illo-tempore. De esta manera, subraya la soledad existencial de esta voz que habita en la estación de trenes, que se desplaza en un tren bajo el repetido rumor de la máquina que siempre evoca el progreso, el futuro.
No lugares, aunque espacios de intercambio, de cruces de historia, de lo repentino y lo inesperado, las vías ferroviarias, la estación de trenes y los trenes son símbolos que tienen que ver con el camino vital de cada individuo, puede ser un camino abierto o el establecido por una ruta ya determinada, pero mirar una vía de tren nos habla de lo infinito: se ve el comienzo, el final se presiente y siempre asalta la idea del infinito.
Los poemas de este libro de viaje y destierro van elaborando un tejido de ideas que rechazan la injusticia, el poder. En esta escritura que no teme al adjetivo y que a veces se arriesga en la sintaxis, palpita un viajero, un exiliado en un mundo adverso que invoca la soledad existencial que define lo humano. Es un estado interior que el amor no resuelve, pero acompaña. Así, lo amoroso se hace presente en un discurso poético que intenta atrapar hasta lo indecible del mundo y esto se manifiesta en el nombrar de las cosas.
En relación a esto me quiero referir a lo que considero una marca estilística del autor en este libro. La unión de palabras con guiones. En ello se evidencia el deseo de vincular realidades opuestas en unos casos (aparecer-desaparecer) y en otros, aglutinar significados (visto-oído, camino-río, ayer-silencio) porque pareciera insuficiente la palabra. En el primer caso, se persigue reflejar la complementariedad de opuestos evidentes en unos casos y en otros, no tanto; en el segundo, se busca amplificar sentidos. Estas palabras compuestas que se observan en la poesía de Leiva van más allá de lo que establece la Real Academia en su Ortografía de la Lengua Española en su capítulo III donde prescribe que «el guion se emplea en español para unir adjetivos relacionales cuando se desea aplicarlos conjuntamente a un mismo sustantivo o grupo nominal, sin que medie entre ellos nexo alguno» (4.1.1.2.2), pues en sustantivos, verbos y frases (Hojas de vida-hojas debidas) también une vocablos a través de guiones. Este recurso que ya ha sido empleado por un poeta como Miguel de Unamuno (por ejemplo, en el poema «Me destierro a la memoria»: «Aquí os dejo mi alma-libro, / hombre-mundo verdadero».) es explorado en profundidad por Leiva.
Y me interesa este vínculo discursivo que surge con Unamuno por el carácter reflexivo que transpiran los poemas de Leiva y que elaboran una posición ética.
todos estamos trabajando
por la justa causa en esta vida
diferente a lo que fuimos soñando
entre los trenes de un viaje
Son todos estos rasgos que hacen de Infinita poesía un testimonio de belleza, bien y ética que proviene de asumir el mundo en compromiso consigo mismo y con los otros, sin abandonar el eros de la esperanza y del viaje, y todo esto lleva a Ángel Leiva a escribir:
AHÍ EN DONDE sientes
y pensamos en la alegría del viaje
y de otro hermoso sueño
junto a quienes esperamos despertar
un día alrededor del fuego y la esperanza
entre recuerdos que son inolvidables
aprendidos de la tierra
que nos hace ser mejores
en lo posible
en las esferas destinadas
a todo y nada

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