Pensamiento

Palabras para compartir el dolor

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Imagen de Takeshi Hirano en Pixabay

El 24 de junio nos sorprendió la naturaleza. La misma madre naturaleza que nos ofrece agua, leche, vida, esperanza y hermosos espacios para el sosiego, nos mostró todo su furor y trajo la tragedia a todo el país. Centenares de familias han perdido su hogar y hay miles de venezolanos sin vida entre los escombros del terremoto. Todos sentimos rugir las piedras bajo el subsuelo. Fue un momento de terror sobre el cual no teníamos ningún control. De nuevo la geología se ha ensañado contra Caracas y La Guaira, pero también alcanzó a Carabobo y otras regiones del país. En este momento predominan los rostros sombríos y desesperados. No puede ser de otra manera.

El dolor, la tristeza y el sufrimiento son inevitables. El llanto, el insomnio y la repetición de las escenas más dramáticas inundan los sentimientos y confiscan la esperanza. Sin embargo, el dolor y la angustia son honestos porque no nos engañan, nos confrontan con la realidad y debemos aceptarlos. El poeta Eugenio Montejo decía que en el trópico, la naturaleza está más cerca de la cólera que del sosiego, Vicente Gerbasi presentía la pantera en los bosques de su Canoabo natal. Sin embargo, puede florecer una rosa sobre la piedra, hermosas orquídeas sobre un leño en descomposición. De la oscuridad de los escombros surgen filamentos de luz. La enorme concentración de energía subterránea nos confisca la esperanza, pero la naturaleza seguirá dando miel, leche y agua para todos. En medio del dolor hemos visto voluntarios rescatar un niño de los escombros, arrancárselo de los dientes a la muerte.  Esas manos heroicas y aguerridas traen un mensaje de esperanza. Hay muchos héroes anónimos que fueron movilizados por la esperanza. Hay madres que fallecieron en los edificios pero que salvaron a sus hijos cubriéndolos con su cuerpo. Amor y dolor en el mismo abrazo. Falta mucho sufrimiento todavía. Pero será un sufrimiento honesto. Vamos a recuperarnos con las lágrimas en el rostro.

El pueblo venezolano, en medio de la mayor crisis humanitaria de la historia se arriesgó por el Tapón del Darien y se defendió en dolorosa peregrinación por todos los confines de la tierra. Se perdieron muchas vidas, se corrieron muchos riesgos. Esos venezolanos se reúnen para compartir el dolor por el mundo entero, pero al mismo tiempo recolectan entre ellos sus mayores sacrificios para enviar su ayuda solidaria. Lloran sin rendirse. Sufren y luchan. Parecen esos gavilanes que se han venido de otros lugares a vivir en los árboles de las ciudades. Portan en su estructura vital la misma disposición para el combate y la lucha por la vida. Entre nosotros hay dolor, pero también hay mucho coraje porque tampoco podemos comprender ni justificar el desamparo ni la inseguridad que son tan graves como la misma tragedia que vivimos.  No dejamos de observar tampoco la deplorable reacción del lumpen moral que participa en saqueos con el silencio o la ausencia absoluta de las autoridades. El dolor y el sacrificio de todos debe ser respetado. Algún día habrá justicia.

Hemos recibido la urgente y rápida ayuda de la Comunidad Internacional. Se han movilizado equipos de rescate de diversos lugares del mundo. Lo agradeceremos siempre y no lo olvidaremos nunca. Muchos artistas, intelectuales, religiosos, deportistas y personas de diferentes niveles sociales han enviado mensajes y colaboraciones generosas.

La recuperación apenas comienza. Será un proceso largo, doloroso e incompleto. Al final deberemos afrontar nuestra tragedia. Nos iremos reparando gradualmente. Si ocurre un nuevo movimiento telúrico, como todos tememos, aumentará el sufrimiento colectivo, el insomnio y los sueños aterradores. Los profesionales de la salud de Venezuela no han abandonado sus puestos de trabajo. Seguirán luchando con sus manos y talento, a pesar de los escasos recursos. Los centros de salud desvencijados, los cuerpos de bomberos mal dotados, el querido perrito  Tsunami que ha salvado más de diez personas, y muchos otros como él, seguirán luchando en la más deplorable adversidad.

Habría que agregar mucho más. Ningún mensaje será suficiente, la energía del lenguaje es mucho menos consoladora que las manos que socorren en medio del dolor.

Valencia, junio de 2026.

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