Pensamiento

Nuestro doble retraso

Brechas en los aportes y usos de la Inteligencia Artificial

News Main Image

Mientras nuestros empresarios y profesionales acuden masivamente a cuanto curso, seminario y oferta de productos relacionados con la inteligencia artificial se anuncia en las redes sociales, con el objeto de mejorar su producción, sus capacidades o escribir libros sin necesariamente saber cómo escribirlos; y mientras algunos diseñadores gráficos, músicos, escritores de guiones y otros profesionales de la industria publicitaria utilizan esta tecnología para ahorrarse el trabajo de tener que pensar y logran producir, en cuestión de segundos, largos guiones, historias, cuentos, poemas u obras musicales de escasísima calidad; mientras, en otras palabras, nos encontramos adoptando una tecnología que ya en los grandes centros de poder es obsoleta, vemos con cierta preocupación —por no decir abiertamente con espanto— cómo las fuerzas militares de los llamados países avanzados utilizan la enorme capacidad de cómputo de sus redes informáticas, sus gigantescas e inconmensurables bases de datos con información sobre todas y cada una de las personas de sus respectivas poblaciones, y con los datos geográficos de los territorios que pretenden conquistar o someter. Es decir, en lo que se llama “el primer mundo” los usos que se da a las nuevas tecnologías están muy por encima de la imaginación más o menos mercantil, más o menos tendenciosa de las modas en “el tercer mundo”.

Por otra parte, luego de unos tres años de intensos estudios, ciclos de conferencias y publicación de artículos en los que criticaba de manera bastante dura los errores de concepto y las malas interpretaciones, y sobre todo el uso irresponsable de la tecnología llamada inteligencia artificial, un boletín reciente del Instituto Tecnológico de Massachusetts publica un largo artículo donde menciona cómo los grandes gurúes de la inteligencia artificial, como Yoshua Bengio, Yann LeCun y otros, que hasta apenas ayer seguían profetizando la increíble potencia de la inteligencia artificial, hoy en día, súbitamente, descubren que se trata —como lo han dicho muchísimos críticos y, de manera muy modesta y de poco impacto, quien esto escribe— de una capacidad para recortar y pegar millones de textos en muy poco tiempo, cuestión de milisegundos, que fue la manera como lo definió Noam Chomsky: una gigantesca máquina de copiar y pegar muy rápido, que por supuesto carece de toda posibilidad de entender lo que está haciendo, puesto que ni tiene conciencia ni puede tenerla.

Lo interesante es que ahora estos mismos gurúes, que hasta hace nada nos predecían el advenimiento de máquinas pensantes, hoy descubren que los niveles de desarrollo de la tecnología son tan lejanos de la posibilidad de unas máquinas inteligentes, y nos hacen nuevos planteos, interesantes y desafiantes para el intelecto, pero que no dejan de ser especulaciones, a veces exageradas, muchas veces con poca sustancia, que se parecen mucho a aquellas profecías de hace 40 a 50 años a las que nos acostumbraron Marvin Minsky y toda una pléyade de brillantes ingenieros, teóricos cognitivos, matemáticos y otros especialistas enamorados de sus propios juguetes e incapaces de comprender la verdadera relación entre el pensamiento y la realidad.

De tal manera que estamos doblemente atrasados: por una parte, seguimos con los usos triviales, más o menos prácticos, a veces —en la mayoría de los casos— con resultados mediocres en comparación con lo que están haciendo las grandes potencias militares; y por otra parte, seguimos insistiendo en profecías que ya se han demostrado falsas y en teorías en las que muy pocos todavía creen, sobre todo en el mundo académico, en los grandes laboratorios tecnológicos y los centros de desarrollo científico y de pensamiento.

En otros tiempos, el atraso de un país o de una región —como lo que se llama “el tercer mundo”, “la periferia”, o más equivocamente, “el sur global”— solía medirse por la calidad de la infraestructura, el nivel de alfabetismo, el acceso a los servicios médicos y otros indicadores tradicionales de la economía. Pensamos que nuestro tiempo, es decir, hoy, comenzado el 2026 y después de unos cuatro intensos años de especulación comercial, el verdadero atraso se mide por esa enorme diferencia, esa grieta insalvable que se abre entre las grandes potencias y los países periféricos, no solamente en el uso de la tecnología, sino incluso —y más gravemente— en su capacidad de imaginar un uso diferente y, por supuesto, en la prácticamente nula contribución que se hace desde aquí para plantear una alternativa a la tecnología dominante.

Compartir en:
Suscríbete a nuestra Newsletter

No te pierdas ninguno de nuestros artículos

Suscríbete para recibir una notificación por correo electrónico cuando publiquemos un artículo.

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Mobile