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La daga y la máscara de Edilio Peña

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Estamos frente a una novela que cabalga entre lo existencial, la distopía y el genero policial noir, por su tono, ritmo y enfoques descriptivo y psicológico, aunque por momentos vertiginosa.

Un enmascarado auto-denominado "Nadie" se desplaza en patineta por una ciudad sombría y neblinosa, llevando inserto un traqueostoma en la garganta que deforma su voz con un tono metálico y ronco.  El arco narrativo se activa cuando Nadie se cruza con Pura, que ejerce la prostitución bajo un cono de luz. Este encuentro desencadena una serie de transacciones no solo físicas sino simbólicas. A partir de allí, la novela se expande en una serie de elementos extraordinarios. Nadie busca reinsertarse en el sórdido mundo de la lucha libre bajo el alias de un antiguo luchador muerto, “Sin Cara”, al tiempo que es chantajeado por "El Persa" que lo arrastra a una espiral de violencia bajo la promesa de recompensas inalcanzables.

La obra difumina los límites de lo onirico y la metaficción.
Los personajes de Peña carecen de la descripciones tradicionales, son puñados de proyecciones de traumas, deformaciones de origen, obsesiones y deseos reprimidos. Hay un desdoblamiento constante en busca de identidades genuinas que en su recorrido los anulan. El Persa Representa el sadismo y la codicia desmedida. La Conserje y el Hijo Agónico la degradación y la desesperanza.

La técnica del Doble y la fragmentación rompen el realismo tradicional llevando la narración a lo gótico urbano. La inclusión de un suplemento ilustrado titulado exactamente igual que la novela y las alusiones a Las mil y una noches, actúan como un juego borgeano. Los personajes se descubren siendo dibujados por pintores anónimos o mutilados.

La prosa de Peña es visual e impresionista Usa frases cortas como pinceladas cargadas simbolismo. Hay  un subtexto político y social que reverbera con la cruda realidad de la Venezuela contemporánea. La degradación del espacio público, el colapso de los servicios públicos. Pero al mismo tiempo es una parodia, el episodio de la lucha libre funciona como metáfora del circo político y judicial del país. La impunidad es absoluta. En el cuadrilátero el oponente viola las normas, y la justicia es sustituida por un tiroteo.  Hay un control totalitario. La misión asignada por "el alcalde" para asegurarse de que los reclusos "mueran quemados" en celdas hacinadas, resuena trágicamente con ciertas realidades. La distorsión económica y la supervivencia: Las leyes de inquilinato amañadas por la banda de los enanos, así como la propuesta del Persa de pagar millones ante a cambio de cabezas decapitadas, retrata una sociedad moralmente desarticulada.

La daga y la máscara de Edilio Peña es la autopsia literaria de una sociedad obligada a sobrevivir detrás de las máscaras de la simulación, la marginalidad y el desdoblamiento psicológico donde "Nadie" es el nombre de todos.

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