

No han sido pocos los pensadores que han tratado de precisar en qué consiste lo clásico. Cuando decimos, “Es un clásico”, ¿qué queremos decir? ¿Qué es lo que lo diferencia del resto de las manifestaciones? Una buena manera de entenderlo es acogerse a la afirmación del vate inglés John Keats cuando decía “Beauty is a joy for ever”. Lo cual es cierto, pero lo que comúnmente llamamos un clásico no tiene necesariamente que ser bello. Un plato puede ser un clásico de determinada gastronomía, pero lo que aspiramos es que sea sabroso, y si bello mejor. El Oxford English Dictionary lo define así: “Algo que es considerado o merece ser considerado como uno de los mejores o más importantes de su clase”. No parece buena idea no estar de acuerdo con esta definición. Por su parte el inefable Diccionario de la Academia Española, después de dos dudosas definiciones, acierta con la tercera: “Dicho de un autor o de una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación”. Todo esto para referirme a Gilda, la película de Charles Vidor de 1946. Sin ser una de las mejores expresiones del Cinema Noir, la cinta es digna de ser imitada por el formidable uso que Vidor hace de su protagonista femenina. No otra que Rita Hayworth, inmortalizada por Vidor en la “clásica” secuencia del strip-tease. Una de las secuencias más eróticas de la historia del cine, aun cuando Rita sólo se despojó de uno de los largos guantes que hacía juego con su inolvidable traje negro. Un clásico del Cinema Noir, Gilda.
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