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Carol Prunhuber y la causa kurda

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El pasado miércoles 18 de marzo fue presentado en  la Fundación Biodiversidad, en el programa AVE Doñana y en el corazón del casco histórico de Sevilla, a escasos metros del Alcázar, el Palacio Real de la dinastía almohade durante los siglos XII al XIII, el libro de la escritora y periodista caraqueña Carol Prunhuber: De Venezuela al Kurdistán. Crónica de un destino (Kalathos, 2025). Y qué mejor lugar para conocer un texto que nos ayuda a entender el Medio Oriente contemporáneo, epicentro de lo que ya algunos han calificado como la III Guerra Mundial.

Sus páginas nos permiten acercarnos a la historia de la antigua Persia y de cómo desembocó en el siglo XX, después de un accidentado recorrido que incluye el golpe de Estado contra Mosaddegh en 1953 y la posterior llegada del gobierno del Sha Pavlevi, en un régimen de fanatismo y terror, cortesía de la ambición desmesurada del ayatolá  Khomeini, y de la ceguera política de sus adversarios, comunistas, sunnitas e intelectuales laicos, que pensaron utilizarlo al enfrentarse a la represión del SAVAK. El Sha Pavlevi había perdido su legitimidad, sin haberse percatado de su soledad en el poder, creyendo a pie juntillas que era popular, como le ocurrió al difunto (político) Maduro. Khomeini traicionó a todos los que participaron en la lucha por democratizar a Irán en 1979, empezando pon los kurdos e impuso un régimen tiránico que perdura con dificultades al día de hoy. Buena parte de la culpa de esa inestabilidad permanente del Levante, tampoco podemos olvidar, la tienen las grandes potencias que se repartieron los territorios del Imperio Otomano al final de la I Guerra Mundial, negándose a reconocer la existencia de docenas de millones de kurdos, los representantes de la nación más grande del mundo sin Estado.

Al gobierno de Irán no sólo se le identifica por la eficiencia asesina de los Guardias Islámicos sino por la intensidad de la represión moral que ejecuta. Para medio entender la situación, es preciso hojear, a mitad de camino entre el espanto y la maravilla, un importantísimo testimonio sobre la vida de las mujeres en esa sociedad: las memorias de la escritora iraní-estadounidense Azar Nafisi, publicada en Occidente con el título Reading Lolita in Tehran. Ella, una profesora prácticamente expulsada de la Universidad, nos cuenta como logró reunirse clandestinamente en su casa con antiguas alumnas para leer y comentar libros prohibidos. Se daba el caso de niños y adolescentes en Teherán que despertaban llorando, porque tuvieron sueños prohibidos, porque soñaron con gente descansando en la playa, en traje de baño, conversando o dándose un beso. La Policía Moral invadía territorios antes desconocidos.

Más allá de la lucidez política que caracteriza el pensamiento de Carol Prunhuber, uno se pregunta enseguida por qué esta mujer, jinete experimentada en los círculos de equitación en Caracas, que llegó incluso a ganar carreras con purasangres en el Hipódromo La Rinconada, llegó a interesarse tanto por la vida de los kurdos. Y a medida que avanzamos en la lectura del libro, ella misma nos responde, al confesar que todo comenzó con una pregunta que se hizo durante un seminario de la Escuela de Letras de la U.C.V., dedicado a las leyendas artúricas y a las historias de caballeros: “Dónde están los héroes de hoy en día, es que ya no existen? Quiero conocer a un caballero de verdad.” Y uno no debe pedir lo que no sabe si podrán darle, pues como confesó ella:

“Y ese anhelo ardiente fue guiando mi vida hacia Kurdistán, una tierra de guerreros.  En 1979, al terminar la carrera de Letras partí hacia Paris para hacer mi doctorado y sin saberlo, encontrarme con mi destino. ¿Por qué hablo de destino? Porque mi llegada a los kurdos estuvo marcada por puntos de inflexión que me encaminaron hacia ellos, como un rompecabezas cuyas piezas caían en su sitio en el justo momento para hacer realidad el intenso anhelo que tuve como estudiante.”

Su incursión en el tema kurdo y en la vida de creadores y líderes de esa nación, ocurrió en 1982 cuando aterrizó como periodista en el Festival de Cine de Cannes y quedó prendada de admiración por el director Yilmaz Güney ganador de la Palma de Oro por el film Yol, el hombre más célebre del cine turco, activista político encarcelado que se escapó de la prisión y apareció seis meses después en Cannes para deslumbrar al jurado con su película. Y de esa amistad pasó a otra, con el dirigente político y militar Abdul Rahman Ghassemlou, asesinado el 13 de julio de 1989 por el régimen de los ayatolá, básicamente por su moderación y lucha por la autonomía kurda en territorio iraní; un crimen que sacudió al mundo político de la época, cometido en Viena, cuando acudió a conversaciones diplomáticas invitado por el gobierno de Teherán a fin de solucionar de forma pacífica el problema kurdo.

El conocido historiador norteamericano John Lewis Gaddis, autor de varios libros sobre la Guerra Fría y la contención del imperialismo soviético, escribió en su libro Sobre la gran estrategia (On Grand Strategy, 2018) que, a la hora de formular una estrategia, los países tienen dos opciones. Una, optan por la del erizo, que tiene una sola cosa en mente: protegerse y alimentarse; o por la del zorro, que suele tener más flexibilidad y capacidad de adaptación a un entorno cambiante. Ahmadinejad, Presidente de Irán entre 2005 y 2013, el gran aliado, confidente y asesor de Chávez, creía en la confrontación con los Estados Unidos y el Occidente en general, como única estrategia de defensa. Rafsanjani y Kathami fueron más pragmáticos y confiaban – supuestamente - en la democracia y en la posibilidad de recuperar relaciones comerciales y diplomáticas, firmando acuerdos financieros y de no-proliferación nuclear. El asesinato de Ghassemlou, así como el atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994, ocurrió durante la presidencia de Rafsanjani.

El ayatolá chií Alí Khamenei, que falleció hace poco, siempre fue de línea dura, como lo son las milicias Basij y el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución (IRGC), creados por Ruhollah Khomeini durante la Guerra de los años 80´s contra Irak, que sacrificaron a medio millón de niños y adolescentes, encargados de limpiar los campos de minas sembradas por Sadam Hussein, para que luego pasaran sin problemas los tanques iraníes. El problema fundamental del gobierno de Teherán, la inestabilidad que generan en todo el Levante, se debe a una estrategia de defensa nacional que pone en riesgo la seguridad de sus adversarios en la región, creando y financiando organizaciones terroristas, motivadas por un antisemitismo ingénito, única forma, sostienen, de mantener a rayas peligros existenciales al régimen, lo cual ha terminado generando un círculo vicioso de violencia. El IRGC controla hoy la economía del país y son el verdadero poder tras el trono. Prefieren el antagonismo con Occidente y las sanciones internacionales, antes que la diplomacia. Pues si no hay relaciones comerciales transparentes con el mundo, únicamente el mercado negro podrá abastecer al país, lo que se presta, gracias a una absoluta falta de transparencia, a la corrupción. Y como controlan el mercado negro, ¿cómo van a estar dispuestos a promover la transparencia que exige un clima de libre empresa? Lo misma pregunta que nos hacemos en Venezuela, ¿quién se ha beneficiado del control de las exportaciones en detrimento de la industria o de la agricultura nacional?

El libro más importante de Carol Prunhuber sigue siendo, a mi juicio, L'impossible Kurdistan - Du rêve inachevé à l'assassinat du leader kurde Ghassemlou, un libro de casi 600 páginas que todavía no ha sido traducido al español. El libro que presentó, De Venezuela al Kurdistán. Crónicas de un destino, es algo así como la antesala, el prólogo, el por qué se aproximó la autora a esas dos emblemáticas figuras kurdas y continúa asociada a la lucha por una justicia que tarda en llegar. El dirigente kurdo fue asesinado, tenemos que insistir, por su moderación. Llegó a comentar, recuerda Prunhuber:

“¿Cómo darse a conocer si por principio no cometemos asesinatos políticos, no secuestramos aviones, no tomamos rehenes y no ponemos bombas en las ciudades? Si uno no hace este tipo de acciones, nadie habla de uno. Tampoco luchamos directamente contra los Estados Unidos para que nos apoyen los países socialistas, ni contra la Unión Soviética para que nos apoyen los estadounidenses. No hay ningún gobierno al que le interese ayudarnos. Estamos atrapados por nuestra situación geopolítica.”

Ella cumplió una promesa que le hizo a Ghassemlou antes de su muerte: escribir sobre la lucha de su pueblo. Deja un testimonio de lucidez, de honor y coraje y de un idealismo que raya en la insensatez, como sólo pueden ser insensatos los soñadores, los que tiene hambre y sed de justicia, lo que lloran y los perseguidos por la causa de la justica. Un libro conmovedor, que merece la pena ser leído y comentado, si buscamos entender lo que ocurre en una región que está sacudiendo al mundo por la terquedad de un régimen fanático.

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