El toreo, argumenta el escritor mexicano Carlos Fuentes, es una lidia entre dos rostros. El toro nos mira y le enseña al torero la muerte. Y el torero se la muestra de vuelta en la muleta, que llega a sustituir al rostro del torero. Y entre las dos muertes se da el arte del toreo, el torero siempre es mortal y el toro, inmortal. Fuentes escribió en la ciudad de Ronda, Provincia de Málaga, una pequeña obra impecable: “Viva mi fama”, con el trasfondo del famoso matador Pedro Romero, padre de la tauromaquia moderna.
