¿Estamos de acuerdo con Salman Rushdie? No, pero podemos defenderlo también. Sin embargo, la defensa de la libertad de expresión necesita un límite. No sería correcto entrar a una mezquita, en Jerusalén y repartir traducciones de la Torah, y tampoco entrar a una iglesia católica a regalar ejemplares del Corán. La delicadeza entre las personas debe buscarse, me parece, a la hora de experimentar o incluso comentar situaciones delicadas, sobre todo cuando no coincidimos o no pensamos lo mismo.
