La lucha que se plantea Nikos Kazantzakis en La última tentación de Cristo (1951) es la suya, no la de Cristo. Una lucha existencial cargada de angustia, como la del personaje de la novela dedicada a pobre de Asís, propia de alguien a punto de un colapso emocional o peor, sobreviviente de un devastador ataque nervioso, que debe escoger entre las posibilidades que se le presentan, casi un personaje sartreano.
