El Principito, nos dicen los filósofos, muestra un camino hacia la sabiduría de la infancia, que nos ha sido propuesta como arquetipo de la realización humana: “Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entrareis en el reino de los cielos.” El que una sociedad permita que adultos, jóvenes y niños tengan la oportunidad de experimentar esta realidad es un buen criterio para medir el éxito y la coherencia de cualquier gobierno.
