La respuesta a la pregunta por Dios no es fácil, no resulta obvia para un seminarista en su último año de estudio, y tampoco para un sacerdote con amplia experiencia. Es que incluso Moisés, la única persona del Antiguo Testamento que pudo hablar frente a frente con Dios, tuvo dificultades para explicar la que ocurría. Cuando en el Libro del Exodo (3:13-20), Moshé le pregunta al Señor qué debo decirle a los hijos de Israel cuándo pregunte por el nombre del Dios de vuestros padres me ha enviado, el Señor responde: diles que ”Yo soy” me envía. Esa la respuesta más absoluta y contundente: la presencia, la existencia pura y abrumadora, radical de Dios. Muchos escritores han dedicado sus mejores esfuerzos al tema.
